¿Cuál es la gran diferencia entre la moderación y la avaricia?

¿Cuál es la gran diferencia entre la moderación y la avaricia?

¿Cuál es la gran diferencia entre la moderación y la avaricia?

Existe una gran diferencia entre la moderación y la avaricia. Tanto como la humildad es una cualidad digna de elogios que superficialmente se parece pero difiere del mero servilismo, y la dignidad es una virtud loable que superficialmente se parece pero difiere de la altanería, así también la frugalidad o moderación, que era una de las cualidades más elevadas del Profeta (PyB) y ciertamente es una de las cosas de las que depende la sabiduría Divina del orden del universo, no tiene nada que ver con la tacañería, que es una mezcla de bajeza, avaricia, miseria y codicia. Tiene meramente un parecido superficial. El que sigue es un relato que corrobora este hecho:

Abdullah bin Omar, que fue uno de los famosos Compañeros del Profeta (PyB) conocido como “los siete Abdullahs”, era el hijo más grande y más importante de los hijos del Califa Omar Faruq al-A’zam, y uno de los Compañeros más distinguidos e instruidos. Un día, mientras estaba de compras en el mercado, para ser ahorrativo y preservar la confianza y la integridad de las que depende toda transacción comercial, discutía acaloradamente por algo que valía cinco centavos. Uno de los Compañeros lo vio e imaginó al hijo del Ilustre Sucesor del Profeta sobre la Tierra, el Califa Omar, discutiendo por cinco centavos como un acto de tacañería extraordinaria; entonces lo siguió para comprender su conducta. A continuación vio que Abdullah entraba a su bendita casa y vio a un hombre pobre en la puerta. Habló con él por un rato y el hombre se fue. Luego salió por la segunda puerta de su casa y vio a otro hombre pobre. También habló con él por un rato y el hombre se fue. El Compañero, que lo observaba a distancia, sintió curiosidad. Fue a preguntarle a los hombres: “Abdullah se detuvo un rato con ustedes. ¿Qué fue lo que hizo?” Ambos respondieron: “Nos dio una pieza de oro a cada uno”. “Alabado sea Allah”, dijo el Compañero y pensó acerca de sí mismo: “¿Cómo es que discutió a viva voz por cinco centavos en el mercado y luego se sintió feliz de regalar dos piezas de oro en su casa sin que nadie se enterara?”

Fue con Abdullah bin Omar y le dijo: “¡Oh, Imám! ¡Quíteme esta duda! En el mercado usted hizo eso, mientras que en su casa hizo esto”. Abdullah le respondió: “En el mercado, no fue un acto de tacañería sino una forma de generar conciencia sobre la frugalidad; fue perfectamente razonable y para preservar la confianza y la honestidad, que son las bases y el espíritu del comercio. Y la conducta que tuve en mi casa surgió de la compasión de mi corazón y de la perfección del espíritu. Ni lo primero fue tacañería, ni lo segundo fue presunción”.

En alusión a esto, el Imám Abu Hanifa dijo:

لَااِسْرَافَﯺﰆالْخَـيْرِكَــمَالَاخَـيْرَﯺﰆالْاِسْرَافِ

Es decir, tal como en las buenas obras y en la benevolencia no puede haber ni excesos ni despilfarro – mientras se haga para quienes lo merecen – tampoco hay nada bueno en el despilfarro ni en la presunción.

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