DESTELLO DIECINUEVE

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Destello Diecinueve

Sobre la Frugalidad

كُــلُوا وَاشْرَبُوا وَلَا تُسْرِفُوا

Esta aleya nos da una orden importante y sabia de modo que obliga categóricamente a la moderación y prohíbe claramente el despilfarro. Este tema consiste de Siete Puntos.

PRIMER PUNTO

El Creador, el Más Compasivo, desea que le agradezcan por las recompensas que Él le ha otorgado a los seres humanos, ya que el despilfarro es lo contrario de dar gracias, es despreciar esas bendiciones y causar su pérdida. La moderación, sin embargo, es demostrar respeto por las bendiciones. Sí, la moderación es una forma de agradecer y mostrar respeto por la Misericordia Divina que se manifiesta en las bendiciones, y también es ciertamente una forma de causar abundancia. Así también como la abstinencia le da salud al cuerpo y, debido a que salva a la persona de la degradación de aquello por lo que mendiga, es una de las causas de dignidad. También es un medio poderoso para experimentar el placer que provocan las bendiciones y de probar el placer de las bendiciones que aparentemente no producen ningún placer. En cuanto al despilfarro, por oponerse a estas instancias de sabiduría, tiene graves consecuencias.

SEGUNDO PUNTO

El Hacedor Omnisciente creó el cuerpo humano en forma de palacio maravilloso y que se parece a una ciudad perfectamente ordenada. El sentido del gusto en la boca es como el portero, y los nervios y vasos sanguíneos son como teléfonos y cables transmisores por los cuales se comunica el sentido del gusto con el estómago, que es el centro del cuerpo y le informa sobre la comida que está entrando por la boca. Si el cuerpo y el estómago no quieren utilizarla, dicen: “¡Prohibido pasar!” y la expulsa. Y a veces la comida es dañina o rancia y no es beneficiosa para el cuerpo e inmediatamente lo escupe.

Así, ya que el sentido del gusto es un portero, desde el punto de vista que administra al estómago y al cuerpo, es un maestro y un soberano. Si los regalos que llegan al palacio o a la ciudad, y los que le dan al soberano del palacio valen mil pesos, una propina de sólo cinco pesos es lo apropiado para el portero, no vaya a ser que se vuelva vanidoso y corrupto y entonces olvide su obligación y deje entrar al palacio a los revolucionarios que le darán una propina más grande.

Entonces, como consecuencia de este misterio debemos imaginar dos bocados. Uno que consiste de comida nutritiva como queso y huevo que cuesta pocos pesos y el otro que es un dulce exquisito que cuesta muchos pesos. Antes de entrar a la boca, no hay diferencia entre estos dos bocados en relación al cuerpo, son iguales. Y luego de atravesar la garganta, aún son igualmente nutritivos para el cuerpo. Pero un queso que valga poco muchas veces es más nutritivo. Sólo para consentir al sentido del gusto en la boca, hay una diferencia de medio minuto. Puedes ver de este ejemplo qué despilfarro tan dañino y sin sentido es aumentar el gasto de pocos pesos a muchos más por medio minuto.

Ahora, a pesar de que el regalo que llega al soberano del palacio vale mil pesos, darle al portero una propina que valga nueve veces más de lo que le corresponde lo volverá corrupto. Dirá: “Yo soy quien manda aquí” y le permitirá la entrada sólo a quienes le den la propina más grande o le provoque más placer; causará una revolución y provocará un conflicto. Entonces se verá forzado a gritar: “¡Oh, llamen al doctor para que apague este fuego de mi estómago y que baje mi fiebre!”.

Así, la moderación y la satisfacción están de acuerdo con la sabiduría Divina; tratan al sentido del gusto como a un portero y les dan la remuneración que les corresponde. En cuanto al despilfarro, ya que hacerlo es actuar en contra de la sabiduría, rápidamente recibe su castigo, molesta al estómago y provoca que se pierda el apetito real. Al producir un apetito artificial por la gran variedad innecesaria de comida le causa indigestión y enfermedad.

TERCER PUNTO

Dijimos en el Segundo Punto que el sentido del gusto es un portero, y en verdad, para los negligentes y quienes no han progresado espiritualmente ni avanzado en el camino del agradecimiento, es como un portero. No se puede permitir el despilfarro ni se puede subir el precio del sentido del gusto de uno a diez sólo para darle placer.

Sin embargo, el sentido del gusto de quienes verdaderamente están en el camino del agradecimiento, de quienes buscan la verdad y de quienes se acercan a Allah de todo corazón es como un supervisor y un inspector en la cocina de la misericordia Divina (como explicamos en la comparación de la Palabra Seis). Su obligación es reconocer y pesar la gran variedad de recompensas Divinas en la pequeña balanza que está allí con las diferentes comidas y luego enviar al cuerpo y al estómago las noticias de la comida en forma de gratitud espiritual. En relación a esto, el sentido del gusto no mira sólo el aspecto físico del estómago sino que también mira al corazón, al espíritu y a la mente, que tienen una posición superior a la del estómago. Con la condición de que no sea un derroche ni un despilfarro, y de que su obligación es puramente el de dar gracias y reconocer y percibir las distintas bendiciones Divinas, y con la condición de que sea lícito y no lleve a la degradación y a mendigar, puede seguir su placer. De hecho, se pueden preferir comidas deliciosas para que la lengua, encargada del sentido del gusto, pueda dar gracias. A continuación mencionaremos un ejemplo milagroso del Sheik Geylani que alude a esta verdad:

Hace tiempo, un alumno del Sheik Geylani Ghawth al-A’zam y único hijo de una anciana mujer estaba aislado en su habitación. Esta estimada señora estaba preocupada por su hijo y lo fue a visitar y vio que no tenía nada para comer más que un pedazo de pan seco y viejo. Su compasión maternal brotó por sus poros al ver la condición tan desmejorada en que estaba su hijo por su austeridad. Sintió pena por él. Más tarde, fue a quejarse con Ghawth al-A’zam, y vio que estaba comiendo pollo asado. Muy acongojada, la mujer dijo: “¡Oh, maestro! ¡Mi hijo se está muriendo de hambre mientras usted está comiendo pollo!” Luego de lo cual Ghawth al- A’zam le dijo al pollo: “¡Levántate, con el permiso de Allah!” Entonces, los huesos del pollo asado se unieron nuevamente y del plato salió caminando un pollo entero y vivo. Este relato se ha transmitido por unanimidad a través de muchos canales confiables y documentados como una maravilla de alguien cuyo milagro extraordinario es mundialmente famoso. Ghawth al-A’zam le dijo a la mujer: “Cuando tu hijo alcance este nivel, entonces él también podrá comer pollo”. Así, lo que quiso decir es: cuando el espíritu de su hijo gobierne su cuerpo, cuando su corazón gobierne los deseos de su alma, cuando su razón gobierne su estómago y cuando él quiera placer sólo para ofrecer su agradecimiento, entonces podrá disfrutar de cosas deliciosas.

CUARTO PUNTO

Según este Hadiz del Profeta (PyB):لَا يَعُوـلُـ مَنِ اقْتَصَدَ  “Quien sepa ahorrar no tendrá dificultades en cuento a su sustento”, una persona moderada y que sepa ahorrar no sufrirá los avatares de mantener a su familia.

Existen innumerables pruebas que demuestran que la moderación trae como consecuencia la abundancia y un buen pasar. Por ejemplo, lo he visto en mí mismo y puedo decir que, de acuerdo al testimonio de quienes han sido mis amigos y quienes me han asistido, que por ser moderado, muchas veces he visto cómo se nos multiplicaba nuestro sustento hasta por diez veces más. Incluso hace nueve años, un grupo de líderes tribales que estaban exiliados en Burdur como yo, hicieron todo lo posible para que yo aceptara su zakat para que no sufriera privaciones ni humillaciones por la falta de dinero. Les dije a estos líderes: “A pesar de que tengo poco dinero, soy moderado y se cómo ahorrar; estoy acostumbrado a estar satisfecho con poco. Soy más rico que ustedes”. Así que rechacé sus ofertas reiteradas e insistentes. Cabe destacar que dos años más tarde algunos de aquellos que me ofrecieron su zakat estaban endeudados porque no habían sido moderados. Gracias a Allah, siete años después de ese episodio, por la abundancia que resultó de ser moderado, esa poca cantidad de dinero fue suficiente para mi; no me degradó, ni me obligó a pedirle a la gente por mis necesidades, ni me hizo desviar de mi camino de autosuficiencia y de no depender de la gente, que es uno de los principios de mi vida.

Quien no es moderado es propenso a ser humillado y pobre, y a tener que mendigar. En este sentido, el dinero, como medio para el despilfarro y el derroche, resulta extremadamente caro. A cambio, el honor y el respeto son entregados como coimas para recibir este dinero. A veces, las cosas sagradas de la religión son vendidas y por ellas se recibe dinero desfavorable. Es decir, se recibe algo material que vale diez pesos a cambio de una pérdida inmaterial que vale mil.

Sin embargo, si una persona es moderada, restringe y limita sus necesidades a lo esencial, según el significado de esta aleya del Sagrado Corán:

اِنَّ اللّٰهَ هُوَ الرَّزَّاقُ ذُو الْقُوَّةِ الْمَت۪ـينﭮ

y del significado explícito de esta otra:

وَمَا مِنْ دَٓابَّةٍ ﯺﰆ الْاَرْضِ اِلَّا ﱰ اللّٰهِ رِزْقُهَا

entonces esta persona encontrará el sustento suficiente para vivir de una manera u otra porque así lo aseguran estas aleyas. Sí, existen dos tipos de sustento:

Uno es el sustento verdadero, que es suficiente para subsistir. Como lo declaran estas aleyas, este sustento está garantizado por el Sustentador. Así que, mientras las inclinaciones de los seres humanos hacia el mal no intervengan, encontrarán este sustento esencial bajo cualquier circunstancia. No se verá obligado a sacrificar su religión, ni su honor, ni su dignidad.

El segundo es un sustento metafórico. Con este, si se abusa de él, las necesidades no esenciales se vuelven esenciales, y a través de la calamidad de la costumbre o tradición, la gente se vuelve adicta y no pueden vivir sin ellas. Ya que este sustento no está garantizado por el Sustentador, obtenerlo es extremadamente caro, y en especial en estos momentos. Estos bienes que no rinden frutos y que son desfavorables se obtienen principalmente al sacrificar la dignidad y al aceptar la degradación, incluso a veces al rebajarse a mendigar, besando los pies de los desviados, u otras veces al sacrificar las cosas sagradas de la religión, que son la luz de la vida eterna.

También, en este momento de pobreza y dificultad, el aflicción que sienten aquellos que tienen conciencia por la angustia de los hambrientos y necesitados, hace que cualquier placer que haya sido obtenido con dinero ilícito sea amargo. Durante momentos tan extraños como estos, en cuanto a los bienes de dudosa procedencia, uno tiene que arreglárselas al grado mínimo necesario. Porque, según la regla:  اِنَّ الضَّرُورَةَ تُقَدَّرُ بِقَدْرِهَا, cuando uno esté obligado, se pueden tomar bienes ilícitos al grado mínimo necesario, no más. Alguien que esté en una necesidad extrema, podrá comer carne muerta, pero no podrá llenar su estómago con ella. Podrá comer sólo la medida justa para no morir. Además, no se puede comer de más por placer en presencia de cien personas que tienen hambre. La que sigue es una historia que demuestra que la moderación es causa de dignidad y distinción:

Una vez, Khatim Tay, que era mundialmente famoso por su generosidad, estaba regalando una manta grande. Habiéndoles dado a sus invitados una cantidad de regalos superfluos, se fue a caminar por el desierto. Allí vio a un pobre anciano que cargaba arbustos y plantas espinosas sobre sus espaldas. Las espinas estaban clavándose en su piel y lo hacían sangrar. Khatim le dijo: “Khatim Tay está entregando una manta grande y otros regalos. Ve allí y recibirás quinientos pesos a cambio de esta carga que sólo vale cinco pesos”. El modesto anciano le respondió: “Yo levanto y llevo esta carga espinosa con mi dignidad; no me voy a estar obligado a Khatim Tay”. Más tarde, le preguntaron a Khatim Tay: “¿Alguna vez te habías cruzado con alguien más generoso y digno de estima que tú?” Respondió: “Aquél modesto anciano que conocí en el desierto era más digno de estima, más elevado y generoso que yo”.

QUINTO PUNTO

Por Su perfecta generosidad, Allah Todopoderoso le hace comprender a una persona pobre el placer de Sus bendiciones igual que a los ricos, y un a mendigo, igual que a un rey. Ciertamente el placer que obtiene una persona pobre de un pedazo de pan seco y viejo, por el hambre que tiene y por lo moderado que es, es mayor al placer que siente un rico con el dulce más delicioso cuando lo come por de más y sin apetito como resultado de la gula.

Es sorprendente pero algunas personas desenfrenadas y extravagantes acusan a quienes son moderados y ahorrativos de ser “avaros” y “miserables”. ¡Allah no lo permita! La moderación es dignidad y generosidad. La miseria y la avaricia son la cara interna de las supuestas cualidades nobles de quienes despilfarran y derrochan. Hay un acontecimiento que corrobora este hecho que sucedió en mi cuarto en Esparta el año en que se escribió este trabajo. Sucedió lo siguiente:

A pesar de ir en contra de mis principios, uno de mis alumnos me insistía en que aceptara un regalo de casi dos kilos y medio de miel. Sin importar cuánto le expliqué mis reglas, no podía convencerlo. Finalmente lo acepté bajo la condición de compartir la miel con los tres hermanos que estaban conmigo durante treinta o cuarenta días durante los meses de Sha’ban y Ramadán para que no se queden sin algo dulce para comer y permitirle que obtenga su recompensa a quien la trajo. Yo también tenía un kilo de miel. A pesar de que mis tres amigos eran moderados y apreciaban la frugalidad, cuando les ofrecí la miel a cada uno, si bien halagaron las almas de los demás y prefirieron a sus hermanos antes que ellos mismos – lo cual es una buena cualidad – se olvidaron de ser ahorrativos. En tres noches se habían terminado los dos kilos y medio de miel. Riéndome, les dije: “Yo les hubiera dado para degustar esa miel en treinta o cuarenta días, y ahora ustedes han reducido treinta días a sólo tres. ¡Espero que lo hayan disfrutado!” Por el contrario, yo utilicé mi kilo de miel con moderación. Durante todo el mes de Sha’ban y el de Ramadán tuve miel para comer, y, alabado sea Allah, les di una cucharada a cada uno de mis hermanos durante cada noche al cortar el ayuno y eso se convirtió en el medio de una recompensa muy significativa. Tal vez quienes observaron mi conducta hayan pensado que fui tacaño y que la conducta de mis hermanos durante tres noches demostraba generosidad. Pero la verdad es que debajo de mi avaricia aparente yacía una dignidad elevada, abundancia y una gran recompensa. Si no hubieran parado, hubiera resultado en algo mucho más básico que la avaricia debajo de la generosidad y el exceso, como lo sería el rogar y mirar la mano del otro con codicia y expectante.

SEXTO PUNTO

Existe una gran diferencia entre la moderación y la avaricia. Tanto como la humildad es una cualidad digna de elogios que superficialmente se parece pero difiere del mero servilismo, y la dignidad es una virtud loable que superficialmente se parece pero difiere de la altanería, así también la frugalidad o moderación, que era una de las cualidades más elevadas del Profeta (PyB) y ciertamente es una de las cosas de las que depende la sabiduría Divina del orden del universo, no tiene nada que ver con la tacañería, que es una mezcla de bajeza, avaricia, miseria y codicia. Tiene meramente un parecido superficial. El que sigue es un relato que corrobora este hecho:

Abdullah bin Omar, que fue uno de los famosos Compañeros del Profeta (PyB) conocido como “los siete Abdullahs”, era el hijo más grande y más importante de los hijos del Califa Omar Faruq al-A’zam, y uno de los Compañeros más distinguidos e instruidos. Un día, mientras estaba de compras en el mercado, para ser ahorrativo y preservar la confianza y la integridad de las que depende toda transacción comercial, discutía acaloradamente por algo que valía cinco centavos. Uno de los Compañeros lo vio e imaginó al hijo del Ilustre Sucesor del Profeta sobre la Tierra, el Califa Omar, discutiendo por cinco centavos como un acto de tacañería extraordinaria; entonces lo siguió para comprender su conducta. A continuación vio que Abdullah entraba a su bendita casa y vio a un hombre pobre en la puerta. Habló con él por un rato y el hombre se fue. Luego salió por la segunda puerta de su casa y vio a otro hombre pobre. También habló con él por un rato y el hombre se fue. El Compañero, que lo observaba a distancia, sintió curiosidad. Fue a preguntarle a los hombres: “Abdullah se detuvo un rato con ustedes. ¿Qué fue lo que hizo?” Ambos respondieron: “Nos dio una pieza de oro a cada uno”. “Alabado sea Allah”, dijo el Compañero y pensó acerca de sí mismo: “¿Cómo es que discutió a viva voz por cinco centavos en el mercado y luego se sintió feliz de regalar dos piezas de oro en su casa sin que nadie se enterara?”

Fue con Abdullah bin Omar y le dijo: “¡Oh, Imám! ¡Quíteme esta duda! En el mercado usted hizo eso, mientras que en su casa hizo esto”. Abdullah le respondió: “En el mercado, no fue un acto de tacañería sino una forma de generar conciencia sobre la frugalidad; fue perfectamente razonable y para preservar la confianza y la honestidad, que son las bases y el espíritu del comercio. Y la conducta que tuve en mi casa surgió de la compasión de mi corazón y de la perfección del espíritu. Ni lo primero fue tacañería, ni lo segundo fue presunción”.

En alusión a esto, el Imám Abu Hanifa dijo:

لَا اِسْرَافَ ﯺﰆ الْخَـيْرِ كَــمَا لَا خَـيْرَ ﯺﰆ الْاِسْرَافِ

Es decir, tal como en las buenas obras y en la benevolencia no puede haber ni excesos ni despilfarro – mientras se haga para quienes lo merecen – tampoco hay nada bueno en el despilfarro ni en la presunción.

SÉPTIMO PUNTO

El exceso y el despilfarro conducen a la codicia, y la codicia tiene tres consecuencias:

La primera es la insatisfacción. Porque la insatisfacción destruye el esfuerzo y el entusiasmo por el trabajo y hace que la persona insatisfecha se queje en lugar de dar las gracias y lo vuelve holgazán. Una persona así, abandona las posesiones que son pocas en cantidad pero son lícitas[1], y busca posesiones que son ilícitas y fáciles de obtener. Y sacrifica su dignidad e incluso su honor por ese camino.

La segunda consecuencia de la codicia es la decepción y la pérdida. Una persona codiciosa aleja aquello que anhela, es desagradable y no obtiene asistencia ni ayuda de nadie. Incluso confirma el refrán que dice:

اَلْحَر۪يصُ خَائِبٌ خَاِسرٌ. La codicia y la satisfacción tienen su efecto en los seres vivos de acuerdo con una extensa ley. Por ejemplo, la satisfacción natural de los árboles que necesitan de sustento hace que éste vaya hacia ellos; esto demuestra los inmensos beneficios de la satisfacción. Mientras que los animales que corren detrás de su sustento con ansias, dificultad y deficiencia demuestra la gran pérdida que provoca la codicia.

También, la satisfacción aparente que manifiestan tanto los bebés como los cachorros débiles con una comida placentera como la leche que fluye para ellos de un lugar inesperado, mientras que los animales salvajes atacan con codicia a su sustento deficiente y sucio, prueba lo que decimos con claridad.

Además, la actitud de satisfacción de un pez gordo es el medio por el cual éste obtiene su sustento, y los animales inteligentes como los zorros o los monos que llegan a quedarse raquíticos porque no pueden encontrar suficiente sustento a pesar de que lo persiguen codiciosamente, demuestra una vez más que la codicia es la razón de las dificultades y la satisfacción es la razón de la facilidad.

También, los judíos que a través de la avaricia, la usura y los engaños encuentran su sustento miserable e ilícito sólo para sobrevivir, y la actitud de satisfacción de los nómades y su forma de vivir digna con la que encuentran el sustento suficiente demuestran sin lugar a dudas lo que queremos decir.

Además, muchos eruditos[2] y escritores[3] se han vuelto pobres por codiciar más inteligencia, y muchos ignorantes e incapaces se hacen ricos por su satisfacción innata demuestran fehacientemente que el sustento lícito viene a través de la impotencia y de la necesidad, no a través de la habilidad y la determinación. Ciertamente el sustento lícito es inversamente proporcional a la habilidad y a la determinación. Ya que cuanto más aumentan los niños sus habilidades y su determinación, más disminuye su sustento, más lejos están de él y más difícil es de digerirlo. De acuerdo con el Hadiz del Profeta (PyB):

اَلْقَنَاعَةُ كَــنْزٌ لَا يَفْنٰى, la satisfacción es un tesoro del bien vivir y de la buena vida, mientras que la codicia es una mina de pérdida y humillación.

La tercera consecuencia: La codicia destruye la sinceridad y daña las acciones en relación al Más Allá. Ya que si una persona temerosa de Allah sufre de codicia, deseará la atención de los demás. Y alguien que busque la atención de los demás no puede tener sinceridad completa. Esta consecuencia es extremadamente importante y vale la pena prestarle atención.

Resumiendo: El exceso y el despilfarro llevan a la falta de satisfacción. Y la falta de satisfacción destruye el entusiasmo por el trabajo; causa holgazanería, abre la puerta a quejarse de la vida, y hace que la persona insatisfecha se queje constantemente[4]. Además, destruye la sinceridad y abre la puerta a la hipocresía. También destruye la dignidad e indica el camino a mendigar.

En cuanto a la moderación y al ahorro, éstos llevan a la satisfacción. Según el Hadiz del Profeta (PyB):

عَزَّ مَنْ قَنَعَ ذَلَّ مَنْ طَمَعَ, la consecuencia de a satisfacción es la dignidad. También, insita al esfuerzo y al trabajo. Aumenta el entusiasmo y conduce al trabajo. Por ejemplo, una persona que trabaje durante un día, por estar satisfecha con la paga que recibirá a la noche, trabajará al segundo día. Pero si una persona que es despilfarradora y sin moderación no está satisfecha, no trabajará al día siguiente. Y si trabajara, lo haría sin entusiasmo.

También, la satisfacción que surge de la moderación abre la puerta del agradecimiento y cierra la puerta de la queja. A lo largo de su vida, la persona satisfecha es agradecida. Y en la medida en que es independiente de otros por su satisfacción, no busca su consideración. La puerta de la sinceridad se abre y la puerta de la hipocresía se cierra.

He observado el daño maligno del despilfarro y el exceso a gran escala. Fue así: hace nueve años, visité un pueblo afortunado. Como era invierno, no pude ver sus fuentes de riquezas. Muchas veces, el Muftí (recitador del Corán) del pueblo, que Allah tenga piedad de él, me dijo: “Nuestra gente es pobre”. Estas palabras me emocionaros. Por los siguientes cinco o seis años, continuamente sentí lástima por la gente de ese pueblo. Ocho años después, durante el verano, los visité nuevamente. Observé los jardines y recordé las palabras del Muftí. “¡Alabado sea Allah!” dije, “Los frutos de estos jardines son mucho más grandes que la necesidad del pueblo. Su gente debe ser muy rica”. Estaba muy sorprendido. Entonces comprendí todo al recordar un hecho que nunca me ha decepcionado y es mi guía para entender otras verdades, y es que la abundancia y la multiplicidad han desaparecido por el despilfarro y el exceso, por eso, a pesar de que el pueblo tenía tantas fuentes de riqueza, el Muftí solía decir: “Nuestra gente es pobre”.

En verdad, tanto como dar el zakat y ser moderado y ahorrativo han demostrado en la práctica que son causas de incremento y abundancia de bienes y posesiones, así también existen innumerables eventos que demuestran que el despilfarro y no dar el zakat resulta en la pérdida de todo incremento y abundancia. El Platón de los sabios islámicos, el sheik de los médicos y maestro de los filósofos, el famoso genio Abu Ali Ibn-i Sina, explicó la aleya كُــلُوا وَاشْرَبُوا وَلَا تُسْرِفُوا desde el punto de vista médico:

جَمَعْتُ الطِّبَّ ﯺﰍ بَـيْتَـيْنِ جَمْعًا ﱳ وَحُسْنُ الْقَوْـلِـ ﯺﰍ قَصْرِ الْكَلَامِ

فَقَلِّلْ اِنْ اَكَــلْتَ وَبَعْدَ اَكْــلٍ تَجَنَّبْ ﱳ وَالشِّفَٓاءُ ﯺﰆ الْاِنْهِضَامِ

وَلَيْسَ ﱰ النُّفُوسِ اَشَدُّ حَالًا ﱳ مِنْ اِدْخَاـلِـ الطَّعَامِ ﱰ الطَّعَامِ

Dijo: “Concentro la ciencia de la medicina en dos líneas, la mejor palabra es la más corta; cuando comes, come poco y no vuelvas a comer sino hasta cuatro o cinco horas. La salud yace en la digestión. Es decir, come tanto como puedas digerir fácilmente. Lo más pesado y más agotador para tu estómago y para ti mismo es comer muchas cosas una tras otra”[5].

سُبْحَانَكَ لَا عِلْمَ لَنَٓا اِلَّا مَا عَلَّمْتَنَاﮈ  اِنَّكَ اَنْتَ الْعَل۪يمُ الْحَك۪ــيمُ

Un tevafuk extraordinario e instructivo: Todas las copias de este trabajo sobre la moderación fueron escritas por cinco o seis escribas que estaban en diferentes lugares alejados unos de otros, tres de los cuales no tenían experiencia alguna. A su vez, lo estaban transcribiendo de diferentes copias escritas con distintos tipos de escritura que no tuvieron en cuenta las Alif para nada. Las Alif que ‘coincidieron’ fueron cincuenta y una, o cincuenta y tres si se le suma un rezo. Estos números coincidían con el año que este trabajo sobre la moderación fue escrito y copiado, que según el calendario Rumi era 1351 y según el calendario de la Hégira era 1353. Por cierto, esto no puede ser una coincidencia. Es una prueba de que la abundancia, una bendición de Allah, que resulta de la moderación se ha elevado a un nivel maravilloso y es adecuado nombrar a este año como “el año de la moderación”.

Ciertamente, esta maravilla de la moderación fue demostrada hace dos años, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el hambre, la destrucción y el derroche se habían esparcido por doquier, y la toda la humanidad fue obligada a ser moderada.

 

[1] Los consumidores aumentan y los productores disminuyen como resultado del despilfarro y de la falta de ahorro. Todos fijan sus miradas sobre las puertas del gobierno. Entonces la industria, el comercio y la agricultura disminuye, y de eso depende la vida. Y la Nación se deteriora y empobrece.

[2] Se le preguntó a Bozorgmehr, el Ministro del Sha de Persia Nushirvan el Justo, erudito famoso por su inteligencia: “¿Por qué vemos a los estudiosos en las puertas de los gobernantes y no vemos gobernantes en las puertas de los estudiosos a pesar de que aprender es mejor que gobernar?” Contestó: “Por el conocimiento de los estudiosos y la ignorancia de los gobernantes”. Es decir que por su ignorancia, los gobernantes no conocen el valor de estudiar, entonces por eso no lo buscan en las puertas de los estudiosos. Pero por sus conocimientos, los estudiosos conocen el valor de los bienes y posiciones de sus gobernantes y los buscan en las puertas de sus gobernantes. Explicando así ingeniosamente la codicia que resulta de la inteligencia de los estudiosos, lo que hace que algunos de ellos sean pobres y necesitados, Bozorgmehr respondió de una manera refinada. (Firmado, Hursev)

[3] Un evento corrobora esto: en Francia, se le dio un título de mendigo a algunos escritores porque eran tan eficientes al rogar. (Firmado, Süleyman Rüshtü)

[4] Por cierto, cada vez que te encuentras con una persona que despilfarra y no es moderada, oyes sus quejas. No importa qué tan ricos sean, sus lenguas aún se quejan. Pero cuando te encuentras con una persona pobre pero satisfecha, lo que oyes es agradecimiento.

[5] Es decir, lo más dañino para el cuerpo es comer sin haber tenido un descanso de cuatro o cinco horas, o llenar el estómago con una mucha comida, una cosa detrás de otra, sólo por placer.