DESTELLO VEINTISÉIS

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Destello Veintiséis

Luz para los Ancianos

[Este Destello consiste de Veintiséis esperanzas, luces y consuelos.]

RECORDATORIO: La razón por la que he escrito mis pesares y aflicciones espirituales de una manera muy dolorosa que los entristecerá al principio de cada ‘Esperanza’ es para mostrar la extraordinaria eficacia del remedio que procede del Sabio Corán. Este Destello, en relación a los Ancianos, no ha podido preservar la belleza de expresión en tres o cuatro sentidos:

El Primero: Ya que es sobre la historia de mi vida, volví a visitar esas épocas en mi imaginación y se escribió en ese estado mental. En consecuencia, no se pudo preservar un orden correcto en la manera de expresión.

El Segundo: Se escribió en un momento en que sentí una fatiga extrema, después de las oraciones de la mañana, y también estuve obligado a escribirlo rápido; así su manera de expresión se volvió confusa.

El Tercero: No siempre hubo alguien conmigo para escribir y el escriba, que generalmente me acompañaba, tenía cuatro o cinco deberes más en relación a Risale-i Nur. En consecuencia, no pudimos encontrar el tiempo suficiente para corregirlo y quedó desordenado.

El Cuarto: Ambos estábamos cansados después de su composición y sin pensar con cuidado en el significado, compensamos corrigiéndolo sólo superficialmente; seguramente habrá faltas en la manera de expresión. Solicito de los ancianos generosos que miren con tolerancia mis errores de expresión y que, debido a que la misericordia Divina no rechaza las oraciones de los ancianos bendecidos, cuando eleven sus manos hacia la Corte Divina, nos incluyan en sus oraciones.

بِسْمِ اللّٰهِ الرَّحْمٰنِ الرَّحِيمِ

كهيعص٭ ذِكْرُ رَحْمَتِ رَبِّكَ عَبْدَهُ زَكَرِيَّا ٭ اِذْْ نَادَى رَبَّهُ نِدَاءً خَفِيًّا ٭ قَالَ رَبِّ اِنِّى وَهَنَ الْعَظْمُ مِنِّى وَاشْتَعَلَ الرَّاْسُ شَيْبًا وَلَمْ اَكُنْ بِدُعَائِكَ رَبِّ شَقِيًّا

PRIMERA ESPERANZA

¡Respetados hermanos ancianos y hermanas ancianas que han alcanzado la edad de la madurez! Como ustedes, yo soy anciano. Voy a escribir las ‘Esperanzas’ que he encontrado en mi ancianidad y algunas de las cosas que me han sucedido, con el deseo de compartir con ustedes las luces de consuelo que contienen. Por supuesto, las luces que he visto y las puertas de la esperanza que he encontrado han sido vistas y abiertas según mis habilidades defectuosas y confusas. Si Allah lo permite, vuestras disposiciones puras y sinceras harán que las luces que he visto brillar fuerte y fortalecer las esperanzas que he encontrado.

Así, la vertiente y la fuente de las siguientes esperanzas y luces es la fe en Allah.

SEGUNDA ESPERANZA

Un día, cuando entré en la ancianidad, en otoño, a la hora de la oración de la tarde, estaba contemplando el mundo desde una montaña alta. De repente me sentí abrumado por un estado mental quejumbroso, afligido y en un aspecto, oscuro. Vi que me había vuelto viejo. El día también había envejecido y también el año; y así también el mundo había envejecido. Con el momento de la partida del mundo y la separación de aquellos que amaba acercándose dentro de estas otras instancias de ancianidad, mi propia ancianidad me sacudió severamente. De repente la misericordia Divina se develó de tal manera que transformó esa tristeza y separación quejumbrosa, en una esperanza poderosa y una luz brillante de consuelo. Sí, ¡ustedes, que son ancianos como yo! El Creador Compasivo se presenta ante nosotros en cien lugares en el Sabio Corán como “El Más Misericordioso de los Misericordiosos” y siempre envía Su misericordia a ayudar a los seres vivos de la faz de la tierra que lo buscan, y cada año llena la primavera con innumerables bendiciones y regalos de lo Oculto, enviándolos a nosotros que necesitamos sustento y así manifiesta Su misericordia en un grado mayor a nuestra debilidad e impotencia. Para nosotros, en nuestra ancianidad, en consecuencia, Su misericordia es la gran esperanza y la luz más poderosa. Esta misericordia se puede encontrar al formar una relación con el Más Misericordioso a través de la fe, y al realizar las obligaciones, y al ser obedientes a Él.

TERCERA ESPERANZA

Una vez, cuando desperté en la mañana de la ancianidad del sueño de la noche de la juventud, me observé y vi que mi vida se estaba apresurando hacia la tumba, como si corriera barranca abajo. Como dijo Niyazi Misrî:

            Cada día una piedra del edificio de mi vida se cae al suelo;

            ¡Negligente! ¡Tú duermes profundamente sin percatarte que el edificio está en ruinas!

Mi cuerpo, la morada de mi espíritu, se estaba dilapidando cada día con una piedra que se cae, y mis esperanzas y ambiciones que me ligaban fuertemente al mundo, habían comenzado a desprenderse de él. Sentí que el momento de la separación de mis innumerables amigos y seres queridos se estaba acercando. Busqué un bálsamo para esa herida tan profunda y aparentemente incurable, pero no pude encontrar nada. Nuevamente, como Niyazi Misrî, dije:

            Mientras mi lengua deseaba su inmortalidad, la Realidad requería la muerte de mi cuerpo;

            Me aqueja una enfermedad incurable, ¡que ni siquiera Luqman podría curar![1]

Luego, de repente, la luz y la intercesión del Glorioso Profeta (PyB), la lengua, el modelo, el ejemplar, el heraldo y el representante de la Compasión Divina, y el regalo de la guía que le trajo a la humanidad suavizó y curó esa herida que yo había creído incurable e interminable. Convirtió mi desesperación oscura en una esperanza brillante.

Sí, ¡respetados ancianos y ancianas que sienten la vejez como yo! Estamos partiendo, no tiene sentido que nos engañemos. Si cerramos nuestros ojos ante ello, no nos hará permanecer aquí. Hay una movilización. La tierra del Reino Intermedio, que nos parece oscura u llena de separación debido a los delirios lúgubres que surgen de la negligencia y en parte de los extraviados es el lugar de encuentro de amigos. Es el mundo en donde nos encontraremos primero con el Amado de Allah (PyB) y con todos nuestros amigos.

Vamos al mundo de quien cada año, durante mil trescientos cincuenta años, ha sido el gobernante de mil trescientos cincuenta millones de personas y el entrenador de sus espíritus, el maestro de sus mentes y el amado de sus corazones; en cuyo libro de buenas obras, según el significado de

اَلسَّبَبُ كَالْفَاعِلِes agregado cada día el equivalente de todas las buenas obras realizadas por su Comunidad; quien es el medio para alcanzar los propósitos Divinos elevados del universo y para la causa del elevado valor de los seres. Cuando él vino al mundo, según Hadices auténticos y un descubrimiento verdadero, exclamó: “¡Mi Comunidad! ¡Mi Comunidad!” Así también en el Juicio Final, cuando todos piensen sólo en sí mismos, nuevamente dirá: “¡Mi Comunidad! ¡Mi Comunidad!”, y con una abnegación sagrada y elevada apresurará con su intercesión a la ayuda de su Comunidad. Estamos yendo a ese mundo, iluminados por las estrellas de incontables evliyas y eruditos purificados que giran alrededor de ese Sol.

Así, el medio de compartir en la intercesión de ese Ser y de beneficiarse de su Luz y de salvarse de la oscuridad del Reino Intermedio, es seguir sus Prácticas Gloriosas.

CUARTA ESPERANZA

En el momento en que me acerqué a la ancianidad, mi salud física, que perpetúa la negligencia, se rompió. La ancianidad y la enfermedad me atacaron a la vez. Golpeándome la cabeza, ahuyentaron el sueño. No tenía nada que me atara al mundo, como familia, hijos y posesiones. Habiendo gastado los frutos del capital de mi vida a través del vértigo de la juventud, vi que esos frutos consisten sólo de pecados y errores. Gritando como Niyazi Misrî, dije:

            No he concluido ningún negocio; el capital de la vida se perdió todo;

            Vine al camino pero toda la caravana se fue, sin percatarme.

            Lamentándome, continué por el camino, totalmente solo, como un extraño;

            Mis ojos llorando, mi corazón angustiado, mi mente perpleja, sin percatarme.

Estaba en el extranjero en ese momento; sentí una angustia desesperante, una penitencia arrepentida, un anhelo de ayuda. De repente, el Sabio Corán vino en mi ayuda. Abrió una puerta de esperanza tan poderosa y me brindó una luz de consuelo tan verdadera, que podría haber disipado la desesperación y la oscuridad cien veces más intensas que las mías.

Sí, ¡respetados ancianos y ancianas cuyo apego al mundo y los lazos que los atan a él han comenzado a romperse! ¿Es posible que el Glorioso Hacedor Que crea este mundo como una ciudad o un palacio perfectamente ordenado no hablara con sus huéspedes y amigos más importantes ni se encontrara con ellos? Ya que Él a sabiendas hizo este palacio, y lo ordenó y lo adornó por Su voluntad y elección, ciertamente como quien hace, sabe; y quien sabe, habla.

Y ya que Él convirtió este palacio y esta ciudad en una casa de huésped y un lugar de comercio para nosotros, Él seguramente tendrá un libro, un cuaderno, para mostrar Sus relaciones con nosotros y lo que Él desea de nosotros.

Así, el más sagrado de esos Libros es el Corán de Milagrosa Exposición; es un milagro en cuarenta sentidos y está en cada instante en las lenguas de al menos de cien millones de personas; esparce luz y cada letra de él brinda al menos diez méritos y recompensas, y los frutos del Paraíso y luces en el Reino Intermedio, y a veces diez mil, y a veces – a través del misterio de la Noche del Decreto – treinta mil. No hay ningún libro en el universo que pudiera competir con él en este sentido y nadie puede mostrar uno. Ya que este Corán que tenemos es la Palabra del Glorioso Creador de los cielos y de la tierra, que procede de Su soberanía absoluta, la enormidad de Su Divinidad y Su misericordia abarcativa y es Su decreto y una fuente de Su misericordia; adhiere a él. En él hay una cura para cada enfermedad, una luz para cada oscuridad y una esperanza para toda desesperación.

Así, la llave para esta tesorería eterna es la fe y la sumisión a Allah y escuchar el Corán y aceptarlo y recitarlo.

QUINTA ESPERANZA

Una vez, al comienzo de mi ancianidad, deseando la soledad, me retiré a Yusha Tepesi, el Monte Josué, lejos, arriba del Bósforo de Estambul; mi espíritu buscaba un descanso en la soledad. Un día en esa colina alta, miré a mi alrededor, hacia el ancho horizonte y vi una escena de separación y partida dolorosa y penosa con la advertencia de la ancianidad. Observé desde la posición alta de la rama cuarenta y cinco, es decir, el año cuarenta y cinco, del árbol de mi vida hacia los niveles más bajos de mi vida. Vi que abajo, en cada rama, cada año había cadáveres innumerables de quienes había conocido y amado, y con quienes había estado conectado. Sintiendo una angustia verdaderamente lastimosa que surgía de la partida y la separación, pensando como Fuzuli-i Baghdadî en los amigos de los que me había separado, lloré:

            Mientras recuerdo su compañía lloro,

            Mientras haya aliento en este cuerpo seco, lloro a gritos…

Busqué un consuelo, una luz, una puerta que conduzca a la esperanza. De repente, la fe en el Más Allá vino en mi ayuda, derramando una luz inextinguible, ofreciendo una esperanza indestructible.

Sí, ¡mis hermanos y hermanas que llegaron a la ancianidad como yo! Ya que existe el Más Allá y es eterno y es un mundo mejor que este; y ya que Quien nos creó es tanto Sabio como Compasivo; no deberíamos quejarnos y arrepentirnos de nuestra ancianidad. Al contrario, ya que con la ancianidad uno alcanza la madurez perfecta a través de la adoración y la fe, y la ancianidad es un signo de que uno será liberado de los deberes de la vida y partirá hacia el mundo de la misericordia para descansar, deberíamos estar complacidos con ello.

Según los Hadices, algunos apoyándose en testimonios y otros en ‘absoluta certeza’, los individuos más prominentes de la humanidad, los ciento cuarenta y cuatro mil profetas, unánimemente y con completo acuerdo han dado noticias de la existencia del Más Allá, de que los seres humanos serán enviados allí y de que el Creador del universo lo cumplirá según Su promesa cierta. Similarmente, afirmando a través del descubrimiento verdadero y el testimonio en forma de ‘certeza al grado del conocimiento’ los reportes de los profetas, los ciento veinticuatro millones de evliyas que han atestiguado la existencia del Más Allá. Y a través de las manifestaciones que muestran en este mundo, todos los Nombres del Sabio Creador del universo evidentemente requieren un reino eterno. Así también el infinito Poder Eterno y la ilimitada Sabiduría Eterna que no permite que nada sea en vano y sin un propósito, cada año en la primavera, surgen a la vida con la orden de كُنْ فَيَكُونُy son los incalculables cadáveres de los árboles muertos sobre la faz de la tierra, haciéndolos manifestar بَعْثُ بَعْدَ الْمَوْتِ la vida después de la muerte y reviviendo a trescientas mil especies de plantas y animales como miles de ejemplos de resurrección de los muertos; todo esto seriamente requiere la existencia del Más Allá, así como también de la Misericordia Eterna y el Favor Perpetuo que con perfecta compasión y de manera maravillosa provee el sustento de todos los seres vivos necesitados de sustento y en un breve lapso de tiempo, en la primavera, muestra sus incontables tipos de adorno y decoración; ellos también necesitan de la existencia del Más Allá. Junto con el ser humano, el fruto más perfecto del universo y el ser más amado por su Creador, que de todos los seres es el más relacionado con los otros seres del universo, y las indicaciones claras y la evidencia cierta de su deseo y amor intensos, inquebrantables y constantes de inmortalidad, y sus esperanzas que se extienden hacia la eternidad; todo esto demuestra tan fehacientemente que después de este mundo efímero hay un mundo eterno, un reino del Más Allá y un lugar de felicidad eterna que evidentemente requiere que uno acepte la existencia del Más Allá como este mundo.[2]

Ya que lo más importante que el Sabio Corán nos enseña es ‘la fe en el Más Allá’, y ya que esta fe es así de poderosa, en ella hay tanta esperanza y tanto consuelo, que si una sola persona se abruma con la ancianidad cien mil veces más, el consuelo que surge de esta fe sería suficiente para enfrentarla; por cierto nosotros, los ancianos, deberíamos decir: “Todas las alabanzas sean para Allah por la fe perfecta” y ser feliz con nuestra ancianidad…

SEXTA ESPERANZA

Una vez, durante mi cautiverio angustiante, habiéndome retirado de la compañía de la gente, estaba solo en la cima de Çam Dagi, la Montaña de Pinos, en las montañas de Barla. Estaba buscando una luz en mi soledad. Una noche, mientras estaba solo en una pequeña plataforma descubierta en lo alto de un pino alto en la cima de esa montaña alta, la ancianidad me recordó tres o cuatro alejamientos, uno dentro del otro. Como se describe en la Carta Seis, el sonido melancólico de los árboles susurrantes y murmurantes de esa noche solitaria, silenciosa y distante me afectó dolorosamente en mi ancianidad y alejamiento. La ancianidad me dio el siguiente pensamiento: como el día cambió a esta tumba negra y el mundo se puso su mortaja negra, el día de tu vida, también cambiará a la noche y el día del mundo cambiará a la noche del Reino Intermedio y el verano de la vida cambiará a la noche de invierno de la muerte. Susurró esto en el oído de mi corazón. Mi alma maligna entonces se vio obligada a decir:

Sí, estoy lejos de mi tierra natal, pero al estar separado de todos aquellos a quienes he amado y que han muerto durante mi vida por cincuenta años, y que aún sigo llorándolos, es un alejamiento mucho más doloroso y penoso que el alejamiento de mi país. Además, me estoy acercando a un alejamiento mucho más triste y doloroso que el alejamiento melancólico de la noche y de la montaña: la ancianidad me informa que me estoy acercando al momento de separación de todo el mundo. Luego busqué una luz, una esperanza de estos alejamientos y tristeza uno dentro de otro. De repente la fe en Allah vino en mi ayuda y me brindó tanta familiaridad que incluso si la desolación compleja en la que me encontraba se multiplicara por mil, su consuelo hubiera sido suficiente.

¡Ancianos y ancianas! Ya que tenemos un Creador Compasivo, ¡no puede haber ningún alejamiento para nosotros! Ya que Él existe, todo existe para nosotros. Ya que Él existe, los ángeles existen también. El mundo no está vacío. Las montañas solitarias y los desiertos vacíos están llenos de siervos de Allah Todopoderoso. Aparte de Sus siervos concientes, piedras y árboles también se vuelven amigos familiares cuando se los ve a través de Su luz y en Su nombre. Pueden conversar con nosotros a través de sus estados y darnos placer.

Sí, tantas evidencias y testimonios como cantidad de seres del universo y cantidad de letras de este vasto libro del mundo atestiguan la existencia de nuestro Creador, Hacedor y Protector Compasivo, Munificente, Íntimo y Amoroso; nos muestran Su misericordia como tantos miembros, alimentos y bendiciones de seres vivos, que puede ser el medio de Su compasión, misericordia y favor e indican Su Corte. El intercesor más aceptable en Su Corte es la impotencia y la debilidad. Y precisamente el momento de impotencia y debilidad es la ancianidad. Entonces, uno no debería estar ofendido por la ancianidad que es así un intercesor aceptable en una corte así, sino quererla.

SÉPTIMA ESPERANZA

Una vez, al comienzo de mi ancianidad, cuando la risa del Viejo Said se transformaba en el llanto del Nuevo Said, y creyendo aún que era el Viejo Said, los mundanales de Ankara me invitaron a que fuera para allá, y fui.

Ya casi terminando el otoño, subí a lo alto de un castillo en Ankara, que estaba mucho más viejo, dilapidado y gastado que yo.

Me pareció que estaba formado de eventos históricos petrificados: la vieja edad de la estación del año junto a mi vieja edad, la vieja edad del fuerte, la vieja edad de la humanidad, la vieja edad del glorioso Estado Otomano y la muerte del Califato, y la vieja edad del mundo, todo eso me hizo observar, en un estado de mucho dolor, compasión y melancolía en ese elevado fuerte, los valles del pasado y las montañas del futuro.

Mientras experimentaba un estado espiritual totalmente negro en Ankara rodeado de cuatro o cinco capas de oscuridad de la ancianidad, una dentro de la otra[3], busqué una luz, un consuelo, una esperanza.

Mientras buscaba consuelo al mirar a la derecha, es decir, hacia el pasado, éste me apareció en forma de una tumba vasta de mi padre y mis ancestros, y de la raza humana y me llenó de penumbra en lugar de consolarme. Buscando un remedio, miré hacia el futuro, que estaba a mi izquierda. Vi que se aparecía como una tumba inmensa y oscura para mí, mis contemporáneos y las futuras generaciones; producía horror en vez de familiaridad. Sintiéndome desolado ante la izquierda y la derecha, miré al tiempo presente. Apareció ante mis ojos inconscientes e históricos, un ataúd que llevaba mi cuerpo casi muerto, sufriendo y luchando desesperadamente.

Luego, desesperándome por esa dirección también, levanté mi cabeza y miré hacia la cima del árbol de mi vida, y vi que el árbol tenía una sola fruta, y era mi cadáver; yacía en la cima del árbol y me estaba mirando. Sintiendo horror en esta dirección también, incliné mi cabeza. Miré al pié del árbol de mi vida, hacia sus raíces, y vi que el suelo allí,  la tierra que era la fuente de mi creación y la tierra de mis huesos mezclados juntos, estaban siendo pisoteados. No había remedio, sino que agregó más dolor a mi aflicción.

Luego fui obligado a mirar detrás de mí. Vi que este mundo inestable y transitorio se estaba cayendo, desapareciendo en los valles de la nada y en la oscuridad de la inexistencia. Mientras buscaba un bálsamo para mi dolor, sólo agregó veneno. Como no podía ver nada bueno en esa dirección, miré en frente de mí, posé mi mirada sobre el futuro. Vi que la puerta de la tumba estaba abierta justo en el medio de mi camino, me estaba mirando con su boca abierta. La carretera que pasaba por detrás de ella, que se extendía hasta la eternidad, y las caravanas que viajaban por esa carretera, saltaban a la vista por la distancia. Y aparte de un poder de elección limitado y parcial, como mi soporte y arma defensiva en vista de los horrores que venían en estas seis direcciones, no tenía nada más.

Debido a que el poder parcial de elección, la única arma del ser humano contra esos innumerables enemigos e interminables cosas dañinas, es tanto defectuoso como corto y débil, y carece de poder para crear, el ser humano es capaz solamente de adquirirlo. No podría ni pasar hacia el pasado para silenciar las penas que vienen desde allí, ni podría penetrar en el futuro para prevenir los temores que vienen desde allí. Vi que no servían de mucho mis esperanzas y dolores relacionados con el pasado y el futuro.

En el momento en que estaba luchando contra el horror, la desolación, la oscuridad y la desesperación que vienen de estas seis direcciones, las luces de la fe que brillan en el cielo del Corán de Milagrosa Exposición, de pronto llegaron en mi ayuda. Se encendieron e iluminaron esas seis direcciones a tal punto, que si los horrores y la oscuridad que vi se hubieran multiplicado por cien, esa luz aún hubiese sido suficiente para alcanzarlos. Transformó a todos esos horrores, uno a uno, en consuelo y la desolación en confianza. Es así:

La fe partió en dos la vista desolada del pasado como una tumba vasta, y lo mostró con visión de certeza de los ojos y con absoluta certeza como una asamblea familiar y brillante o un encuentro de amigos.

Y la fe mostró el futuro, que había aparecido en forma de una tumba enorme ante los ojos, con conocimiento certero como un banquete del Más Misericordioso en palacios de dicha muy agradables.

Y la fe quitó la vista del tiempo presente como si fuera un ataúd que había aparecido ante mi vista negligente, y rompió la forma de ataúd del día presente y, como viéndolo, lo mostró como un lugar de comercio para el Más Allá y una casa de huéspedes brillante del Más Misericordioso.

Y la fe demostró con conocimiento certero que la única fruta en la cima del árbol de la vida no era un cadáver como le había parecido a la mirada negligente, sino que era mi espíritu, que manifestaría vida eterna y estaba destinado a la felicidad eterna, abandonaría su vieja  morada para viajar alrededor de las estrellas.

Y la fe demostró a través del misterio de la fe que la tierra de mis huesos y  la tierra, que era la fuente de mi creación, no eran huesos sin valor, pulverizados y pisoteados abajo de los pies, sino que ese suelo era la puerta hacia la Misericordia Divina y un velo previo a la entrada al Paraíso.

Y la fe demostró, a través del misterio del Corán, que el mundo que había aparecido con la mirada negligente detrás de mí como si se estuviera cayendo en la nada y en la inexistencia, ese mundo que está girando aparentemente en la oscuridad son escritos del Eterno y páginas bordadas del Eterno Adorado glorificando a Allah, que habían cumplido con sus tareas, planteado sus significados y dejado sus resultados de la existencia en su lugar. Hizo conocer con conocimiento certero lo que es la verdadera naturaleza del mundo.

Y la fe demostró a través de la luz del Corán que la tumba que abría sus ojos y me veía en el futuro no era la puerta de un pozo, sino que era la puerta hacia el mundo de la luz, y que la carretera que se estiraba hasta la eternidad más allá de la tumba no llevaba a la nada y a la inexistencia, sino a la existencia, a un lugar de luz y de dicha eterna. Ya que la fe demostró esto a tal punto que ofreció absoluta convicción, fue a la vez un remedio y un bálsamo para mis aflicciones.

Y la fe, en lugar de recibir una habilidad mucho menor, pone un documento en las manos del poder de elección limitado y parcial para que pueda confiar en un Poder infinito y estar conectado a una Misericordia ilimitada ante aquellos innumerables enemigos y capas de oscuridad. Ciertamente, la fe es un documento en las manos del poder de elección parcial. Y, a pesar de que esta arma humana que es una elección parcial, es en sí misma corta, sin poder y deficiente, así como cuando un soldado utiliza su fuerza parcial en pro del gobierno para realizar tareas que exceden su propia fuerza, así también a través del misterio de la fe, si el poder de elección limitado y parcial se usa en nombre de Allah Todopoderoso y Su camino, podría también ganar un Paraíso tan vasto como quinientos años.

Y la fe toma de las manos del cuerpo las riendas del poder de elección parcial, que no puede penetrar en el pasado ni en el futuro, y las entregan al corazón y al espíritu. Debido a que la esfera de la vida del espíritu y del corazón no está  restringida al presente como el cuerpo, e incluido en ella hay muchos años del pasado y muchos años del futuro, el poder de elección parcial deja de ser parcial y adquiere universalidad. Tal como a través de la fuerza de la fe puede entrar en los profundos valles del pasado y repeler la oscuridad de sus penas, así también con la luz de la fe puede elevarse tan alto como las montañas más elevadas del futuro y quitarle los temores.

Así que entonces, mis hermanos y hermanas mayores que están sufriendo las dificultades de la ancianidad como yo, debido a que somos creyentes, alabado sea Allah, y que en la fe encontramos tantos tesoros luminosos, placenteros y agradables, también nuestra ancianidad nos conduce más a estos tesoros, por supuesto, en vez de quejarnos de la ancianidad acompañada de la fe, debemos dar miles de gracias.

OCTAVA ESPERANZA

Hace un tiempo, algunas canas, signo de ancianidad, empezaron a aparecer en mi cabello, la confusión de la Primera Guerra Mundial, que hizo incluso más pesado el sueño profundo de la juventud, los trastornos de mi cautiverio como prisionero de guerra, la posición de gran fama y honor que me dieron cuando regresé a Estambul, el trato amable y la atención que recibí por parte de todos que por mucho excedía lo que merecía, desde el Califa, el Sheik del Islam y Comandante en Jefe de la Armada hasta los estudiantes de religión, la embriaguez de la juventud y el estado espiritual producido por mi posición, todo hizo que ese sueño fuera tan pesado que simplemente vi que al mundo como algo permanente y a mí mismo en una situación extraña que no muere pegado a él.

Entonces, un día de Ramadán fui a la mezquita sagrada Bayezid a escuchar a los memorizadores  sinceros del Corán. Con sus lenguas, el Corán de Milagrosa Exposición, proclamó este decreto con su forma celestial de dirigirse: كُلُّ نَفْسٍ ذَائِقَةُ الْمَوْتِ Esta aleya da la noticia contundente de la muerte del ser humano y de todos los seres vivos. Entró en mi oído, penetró a las profundidades de mi corazón y se quedó allí; hizo trizas ese sueño profundo y mi negligencia. Salí de la mezquita. Por el estupor del sueño que por un largo tiempo se había instalado en mi cabeza, por varios días una tempestad rugió en ella y me vi a mí mismo como si fuera un fuego con humo en mi cabeza y como un barco que perdió su camino. Cada vez que miro mi cabello en el espejo, las canas me dicen: “¡Presta atención!” Y entonces la situación se aclara a través de la advertencia de mis canas.

Miro y veo que mi juventud, que tanto me cautiva con sus placeres y en la que tanto confío, me está despidiendo, y que esta vida mundanal que tanto amo y con la que tanto estoy involucrado comienza a extinguirse, y que el mundo con el que estoy tan cercanamente conectado y del que yo soy simplemente el amante, me está diciendo: “¡Que tengas un buen viaje!”, y me está advirtiendo que me iré de esta casa de huéspedes. Él también está diciendo “¡Adiós!”, y está preparándose para irse. El siguiente significado se está develando en el corazón a partir de las indicaciones de esta aleya del Corán de Milagrosa Exposición:الْمَوْتِ كُلُّ نَفْسٍ ذَائِقَةُ la raza humana es un alma; morirá para ser resucitada. El globo terráqueo es un alma; también morirá para adoptar una forma eterna. El mundo también es un alma; morirá para asumir la forma del Más Allá.

En este estado, consideraba mi situación. Vi que la juventud, que es la fuente de placer, está partiendo; mientras que la ancianidad, la fuente de las penas, se está yendo; que la vida, que es tan brillante y luminosa, se está yendo; mientras que la muerte, que es aterradora y aparentemente oscura, se está preparando para llegar; y que el mundo amoroso que creemos permanente y que es el amado de los negligentes, se está apresurando a la ruina.

Para engañarme a mí mismo y otra vez sumergir mi cabeza en la negligencia, miré los placeres del estatus social que disfruté en Estambul, que era mucho más de lo que yo merezco, pero no hubo ninguna ventaja en ello. Todas las consideraciones, atenciones y todos los consuelos de ellos sólo pueden acompañarme hasta la puerta inminente de la tumba; y allí se extinguen. Debido a que lo vi como una hipocresía tediosa, engreimiento frío y estupefacción pasajera bajo el velo adornado de la gloria y el renombre, que es el objetivo ilusorio de quienes persiguen la fama, comprendí que estas cosas que hasta ese momento me habían engañado no pueden brindarme consuelo; no pude encontrar ninguna luz en ellas.

Una vez más, comencé a escuchar a los memorizadores de la mezquita Bayezid para oír las enseñanzas celestiales del Corán y para despertar una vez más. De su sublime instrucción, oí buenas noticias a través de decretos sagrados como este: وَ بَشِّرِ الَّذِينَ آمَنُوا Con la refulgencia que recibi del Corán, busqué consuelo, esperanza y luz dentro de los puntos en los que había sentido horror, desolación y desesperación, no fuera de ellos. Cien mil agradecimientos sean para Allah Todopoderoso, porque encontré la cura dentro de la enfermedad misma, encontré la luz dentro de la oscuridad misma, encontré el consuelo dentro del horror mismo.

Primero, pasé por el rostro de la muerte, que se cree que es de lo más terrible y que aterroriza a todos. A través de la luz del Corán, vi que a pesar de que su velo es negro, oscuro y feo, para los creyentes su verdadero rostro es luminoso y bello. Hemos demostrado esta verdad contundentemente en muchas partes de Risale-i Nur. Por ejemplo, como explicamos en la Palabra Ocho y en la Carta Veinte, la muerte no es aniquilación y separación, sino que es la introducción a la vida eterna, es su comienzo. Es un descanso de las dificultades de las obligaciones de la vida, una desmovilización. Es un cambio de domicilio. Es encontrarse con la caravana de un amigo que ya ha partido al Mundo Intermedio; etcétera. Vi el rostro verdadero de la muerte a través de verdades como estas. Miré el rostro de la muerte no con temor, sino con entusiasmo. Comprendí un misterio de la contemplación de la muerte que hacen los sufíes.

Luego consideré mi juventud que había partido; juventud que cuando se acaba hace llorar a todos, que los hace enamorarse y amarla, y pasarla en pecado y negligencia. Vi que dentro de su hermosa y decorada púa había un rostro horrible, embriagado y aturdido. Si no hubiera aprendido su verdadera naturaleza, me hubiera hecho llorar por cien años si llegara a permanecer en este mundo por tanto tiempo, en vez de intoxicarme y hacerme feliz por algunos años. Tal como una persona de ese tipo dijo lamentándose:

لَيْتَ الشَّبَابَ يَعُودُ يَوْمًا فَاُخْبِرَهُ بِمَا فَعَلَ الْمَشِيبُ “Si tan sólo un día de mi juventud regresara, le diría sobre las aflicciones que la ancianidad me ha traído”.

Ciertamente, los ancianos como esta persona que no conocen la verdadera naturaleza de la juventud, piensan en sus propias juventudes y lloran con arrepentimiento y añoranza. Pero cuando la juventud pertenece a los creyentes que tienen corazones atentos, que están en paz con Allah y que son razonables, es el medio más poderoso, agradable y placentero para asegurar las buenas obras y comerciar en el Más Allá, mientras que la pasen en adoración, y ese comercio y esas buenas obras. Para quienes conocen sus deberes religiosos y no malgastan su juventud, es una bendición divina preciosa y encantadora. Pero cuando no se pasa con modestia, rectitud y temor de Allah, contiene muchos peligros; daña la felicidad eterna y también la vida de este mundo. A cambio de los placeres de uno o dos años de juventud, en la ancianidad causa muchos años de dolor y pena. Debido a que para la mayoría de la gente, la juventud es dañina, nosotros, los ancianos, debemos agradecer a Allah por habernos salvado de sus daños y peligros. Como todo lo demás, los placeres de la juventud también se van. Si se pasó adorando y haciendo buenas obras, los frutos de esa juventud permanecen por siempre en su lugar y son el medio para obtener la juventud en la Vida Eterna.

Luego, consideré el mundo, con el que la mayoría de la gente está enamorada y al que todos son adictos. A través de la luz del Corán, hay tres mundos universales, uno dentro del otro:

La primera mira hacia los Nombres Divinos; es un espejo para ellos.

La segunda mira hacia el Más Allá, y es su labranza.

La tercera mira hacia lo mundanal; es el patio de juegos de los negligentes. Más aún, todos tienen su propio vasto mundo dentro de este mundo. Simplemente, son los mundos uno dentro del otro en la misma cantidad de seres humanos. El pilar del mundo privado de cada persona es su propia vida. Si su cuerpo se rinde, su mundo colapsa de cabeza, es el Último Día para él. Debido a que los negligentes no se dan cuenta de que su mundo será destruido rápidamente, suponen que será permanente como el mundo en general y lo adoran. Pensé para mí: “Yo también tengo un mundo privado que colapsará rápidamente y será demolido como los mundos de la otra gente. ¿Qué valor tiene este mundo privado, esta vida efímera mía?”

Entonces, a través de la luz del Corán, vi que tanto para mí como para el resto de las personas, este mundo es un lugar pasajero para comerciar, una casa de huéspedes que cada día se llena y se vacía, un mercado establecido en el camino para que, quienes pasen por allí compren algo, un cuaderno siempre renovado del Eterno Escritor que constantemente escribe y borra, y cada primavera es una carta dorada, y cada verano es una oda bien compuesta; que está formada de espejos que reflejan y renuevan las manifestaciones de los nombres del Creador Glorioso; es un almácigo del Más Allá, un cantero de misericordia divina, y un taller temporario exclusivamente para producir carteles que serán mostrados en el mundo de la eternidad.

Ofrecí cien mil gracias al Creador Glorioso que hizo el mundo de este modo. Y comprendí que el amor por los rostros internos y bellos del mundo que miran hacia el Más Allá y hacia los Divinos Nombres le ha sido otorgado a la humanidad, debido a que lo gastan en su rostro pasajero, feo, dañino y negligente y se manifiesta en el dicho del Profeta (PyB):

حُبُّ الدُّنْيَا رَاْسُ كُلِّ خَطِيئَةٍ

¡Oh, ancianos! Me di cuenta de esta verdad a través de la luz del Sabio Corán, y las advertencias de mi ancianidad, y la fe que me abrió los ojos. Y lo he demostrado con pruebas contundentes en muchas partes de Risale-i Nur. Experimenté un verdadero consuelo, una poderosa esperanza y una brillante luz. Estuve agradecido por mi ancianidad y estuve feliz de que mi juventud se haya ido. Ustedes tampoco lloren, sino que ofrezcan las gracias. Ya que hay fe y la verdad es así, deberían ser los negligentes los que lloren y los desviados los que se lamenten.

NOVENA ESPERANZA

En la Primera Guerra Mundial, como prisionero, estaba en la distante provincia de Kosturma al noreste de Rusia. Había una pequeña mezquita allí que pertenecía a los tártaros al lado del famoso Río Volga. Solía cansarme entre mis amigos, los otros oficiales. Ansiaba la soledad, aún así no podía deambular afuera sin permiso. Luego me llevaron bajo fianza al cuartel tártaro, a esa pequeña mezquita a la orilla del Volga. Solía dormir en la mezquita, solo. La primavera estaba cerca. Solía estar muy despierto durante las noches largas de esa tierra del norte; el triste chapoteo del Volga, el amargo golpeteo de la lluvia y el melancólico suspiro del viento de aquellas noches en ese oscuro alejamiento temporario me habían despertado de un sueño profundo de negligencia. Aún no me consideraba viejo, pero quienes habían experimentado la Primera Guerra Mundial eran viejos. Porque esos eran días que, como si manifestaran la aleya: يَوْمًا يَجْعَلُ الْوِلْدَانَ شِيبًا  hacían envejecer hasta los niños. Y a pesar de que yo tenía cuarenta años, me sentí como de ochenta. En esa larga noche oscura, ese penoso alejamiento y ese melancólico estado, me desesperé por la vida y por mi tierra natal. Miré mi impotencia y mi soledad y mi esperanza falló.

Entonces, mientras estaba en ese estado, llegó el socorro del Sabio Corán; mi lengua dijo:حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُ y llorando, mi corazón gritó:

غَرِيبَمْ بِى كَسَمْ ضَعِيفَمْ نَاتُوَانَمْ َاْلاَمَانْ گُويَمْ عَفُوْ جُويَمْ مَدَدْ خَواهَمْ زِدَرْگَاهَتْ اِلَهِى

Y pensando en mis viejos amigos de mi tierra natal e imaginando que me moría allí, en el extranjero, como Niyazi Misri, mi espíritu hizo fluir estas líneas:

Huyendo del dolor del mundo,

Abriendo mis alas a la inexistencia,

Volando con fervor y anhelo,

Gritando con cada aliento, ¡Amigo! ¡Amigo!

Buscaba a los amigos.

De todos modos… Mi debilidad e impotencia se volvieron intercesores tan potentes y medios en la Corte Divina esa noche larga, melancólica, lastimera y afligida por la separación en el extranjero que ahora aún me asombro por ella. Varios días después me escapé de la forma más inesperada, por mis propios medios, sin saber ruso, atravesando una distancia que hubiera llevado un año a pie. Me salvé de una manera maravillosa a través del favor Divino, que fue otorgado como consecuencia de mi debilidad e impotencia. Entonces, al pasar por Varsovia y Austria, llegué a Estambul, por lo que salvarme tan fácilmente fue bastante extraordinario. Completé el largo viaje con una facilidad que incluso los hombres más valientes y astutos que saben ruso no podrían haberlo logrado.

Y esa noche, en la mezquita a orillas del Volga me hizo tomar la decisión de pasar el resto de mi vida en cuevas. Ya era suficiente para mí mezclarme en esta vida social de la gente. Ya que finalmente entraría a la tumba solo, dije que de ahora en adelante elegiría la soledad para acostumbrarme a ella.

Pero, lamentablemente, cosas sin consecuencia como mis muchos amigos serios de Estambul y la vida mundanal brillante allí y, en particular la fama y el honor que me otorgaron, que eran mucho más grandes de lo que me corresponde, me hicieron olvidar mi decisión temporariamente. Era como si esa noche en el extranjero fuera una negrura luminosa en el ojo de mi vida y el blanco brillante del día de Estambul, un blanco sin luz en ella. No podía ver más allá, aún dormía. Hasta que dos años más tarde, Ghawth-i Geylani abrió mis ojos una vez más con su libro Futûhu’l-Ghayb.

Y entonces, ¡Oh, ancianos y ancianas! Sepan que la debilidad y la impotencia de la ancianidad son el medio para atraer la gracia y la misericordia Divina. La manifestación de misericordia sobre la faz de la tierra demuestra esta verdad de la manera más clara, tal como lo observé en mí mismo en numerosas ocasiones. Porque los más débiles e impotentes de los animales son las crías, en realidad son ellos quienes reciben la más dulce y bella manifestación de misericordia. La impotencia de un pajarito en el nido en la cima de un árbol – la manifestación de misericordia – emplea a su madre como un soldado obediente. Su madre vuela por todas partes y le trae su alimento. Cuando sus alas crecen fuertes el polluelo olvida su impotencia, su madre le dice: “¡Ve y busca tu propia comida ahora!” y ya no lo escucha.

Entonces, tal como este misterio de misericordia está vigente para las crías, así también está vigente para los ancianos, que se parecen a las crías en relación a la debilidad e impotencia. He tenido experiencias que me han dado la convicción absolutamente cierta de que tal como el sustento de los infantes les es enviado de manera maravillosa por la misericordia Divina debido a su impotencia, haciendo fluir de las vertientes de los pechos, así también el sustento de los ancianos creyentes, que adquieren inocencia, es enviado en forma de abundancia. Esta verdad también está demostrada por una parte del Hadiz que dice: وَلَوْلاَ الْبَهَائِمُ الرُّتَّعُ وَالصُّبْيَانُ الرُّضَّعُ   Afirma que la fuente de abundancia de un hogar es sus habitantes ancianos y que son los ancianos inocentes con sus espaldas dobladas quienes preservan el hogar de la visita de calamidades. Significa que:

وَ لَوْلاَ الشُّيُوخُ الرُّكَّعُ لَصُبَّ عَلَيْكُمُ الْبَلاَءُ صَبًّا “Si no fuera por los ancianos con sus espaldas dobladas, las calamidades hubieran descendido sobre vosotros en avalanchas”

Ya que la debilidad y la impotencia de la ancianidad son así el medio para atraer la misericordia Divina hasta este punto; y ya que con sus aleyas:

اِمَّا يَبْلُغَنَّ عِنْدَكَ الْكِبَرَ اَحَدُهُمَا اَوْ كِلاَهُمَا فَلاَ تَقُلْ لَهُمَا اُفٍّ وَلاَ تَنْهَرْهُمَا وَقُلْ لَهُمَا قَوْلاً كَرِيمًا ٭ وَاخْفِضْ لَهُمَا جَنَاحَ الذُّلِّ مِنَ الرَّحْمَةِ وَقُلْ رَبِّ ارْحَمْهُمَا كَمَا رَبَّيَانِى صَغِيرًا

el Sabio Corán invita a los niños milagrosamente de cinco maneras a ser compasivos y respetuosos con sus padres ancianos; y ya que la religión del Islam ordena el respeto y la compasión hacia los ancianos; y ya que la naturaleza humana requiere respeto y compasión hacia los ancianos; nosotros, los ancianos, en lugar de un placer físico efímero que viene del apetito de la juventud, recibimos el respeto y la compasión que surgen de la gracia Divina espiritual, constante e importante y de la compasión humana, y también recibimos los placeres espirituales que surgen del repreto y la compasión. Ya que este es el caso, no deberíamos cambiar esta ancianidad por cien juventudes. Sí, puedo decirles con certeza que si me dieran diez años de la juventud del Viejo Said, no daría ni un año de la ancianidad del Nuevo Said. ¡Estoy conforme con mi ancianidad y ustedes deberían estar conformes con la vuestra!

DÉCIMA ESPERANZA

Una vez, después de regresar de haber sido un prisionero de guerra, me aquejó la negligencia por un año o dos en Estambul. La política de ese momento dirigió mi atención lejos de mí mismo y la esparció por el mundo exterior. Entonces, un día, estaba sentado en un lugar elevado mirando hacia el valle del cementerio Sultán Eyüb de Estambul. Miré los horizontes alrededor de Estambul. De repente, mientras miraba hacia abajo, me sobrevino un estado imaginario, parecía que mi mundo privado estaba muriéndose y mi espíritu se estaba retirando en un aspecto. Dije: “Me pregunto si son las inscripciones de las lápidas que me están dando esas ilusiones” y retiré mi mirada. Miré no a la distancia sino al cementerio. Entonces se le impartió lo siguiente a mi corazón: “Este cementerio a tu alrededor es Estambul cien veces más, porque Estambul se ha vaciado aquí cien veces. No te puedes salvar de la orden del Omnisciente y Poderoso Quien ha volcado a toda la gente de Estambul aquí; no puedes ser una excepción; tú también partirás”.

Salí del cementerio y con esa imaginación horrible entré a una pequeña celda en la Mezquita Sultán Eyüb donde ya me había quedado muchas veces anteriormente. Pensé dentro de mí, soy un huésped en tres sentidos: soy un huésped en esta habitación diminuta, también soy un huésped en Estambul y un huésped en este mundo. Un huésped tiene que pensar en el camino. Del mismo modo que dejaré esta habitación, así también un día dejaré Estambul y también otro día partiré de este mundo.

Mientras estaba en este estado mental, mi cabeza, mi corazón, se abrumó por una tristeza y una aflicción penosas y dolorosas que surgen de la separación. No estaba perdiendo a sólo uno o dos amigos; partiría de miles de personas queridas de Estambul y también partiría de Estambul, que tanto amaba. Y tal como partiría de cientos de miles de amigos de este mundo, así también partiría del bello mundo, que me cautivaba y yo amaba. Mientras consideraba esto, trepé una vez más a ese lugar en el cementerio. Habiendo ido al cine de vez en cuando para tomar clases, en ese momento, todos los muertos de Estambul parecían estar caminando por allí, como el cine que muestra en el presente las imágenes del pasado; así también toda la gente que pude ver en ese momento parecía ser cadáveres que caminaban por allí. Mi imaginación me dijo: ya que algunos de aquellos en el cementerio parecen estar caminando por allí como en una pantalla de cine, deberías ver la gente del presente, que entrarán al cementerio en el futuro, como si hubieran entrado en él; ellos también son cadáveres que caminan por allí.

De repente, a través de la luz del Corán y a través de la guía de Ghawth al-A’zam, el Shéik Geylani, mi estado de dolor se transformó en uno alegre y feliz. Fue así:

La luz que procede del Corán me advertió el siguiente pensamiento frente a ese estado lastimoso: tú tenías uno o dos oficiales amigos mientras eras un prisionero de guerra en el extranjero de Kosturma en el Noreste. Sabías que esos amigos en algún momento irían a Estambul. Si uno de ellos te hubiera preguntado: “¿Irás a Estambul o te quedarás aquí?”, por cierto que si hubieras tenido una pizca de inteligencia, con gusto y felicidad habrías elegido ir a Estambul, ya que de mil y un amigos, novecientos noventa y nueve ya estaban en Estambul. Sólo uno o dos quedaban allí y ellos también partirían. Ir a Estambul para ti no sería una partida triste ni una separación penosa. Además, tú viniste aquí y ¿no estabas feliz de hacerlo? Fuiste librado de las noches largas, oscuras y frías, de los inviernos tormentosos de ese país enemigo. Viniste a Estambul, como un paraíso mundanal.

De exactamente la misma manera, desde tu infancia hasta tu edad actual, noventa y nueve de cien de a quienes tú amas han migrado al cementerio, lo cual te aterroriza. Tienes uno o dos amigos aún en este mundo y ellos también partirán hacia allí. Tu muerte en este mundo no es separación; es unión; es reunirse con todos esos amigos. Me recordaron, ellos, es decir, esos espíritus inmortales, han dejado atrás, debajo de la tierra sus moradas arruinadas y algunos de ellos están viajando por las estrellas y algunos están en los niveles del Reino Intermedio.

Sí, el Corán y la fe demostraron esta verdad con tanta certeza que si una persona no estuviera sin corazón o espíritu, ni el extravío hubiera sofocado su corazón, debería creerla como si la viera. Porque segura y evidentemente el Creador Generoso Que adorna este mundo con innumerables tipos de regalos y bendiciones y Quien demuestra Su soberanía con munificencia y compasión, y preserva incluso las cosas menos significativas como las semillas, no aniquilaría ni enviaría a la nada ni desperdiciaría al ser humano con tanta crueldad y tan deliberadamente, como parece superficialmente, ya que es el más perfecto, abarcativo, importante y amado entre Sus seres. Más bien, como las semillas que un granjero esparce en la tierra, el Creador Compasivo temporariamente arroja a ese ser amado por Él debajo de la tierra, que es la puerta de la misericordia, para producir brotes en Otra Vida[4].

Y entonces, después de recibir este recordatorio del Corán, el cementerio se volvió más familiar para mí que Estambul. La soledad y el retiro se volvieron más agradables para mí que la conversación y la compañía. Y encontré un lugar de reclusión para mí mismo en Sariyer, sobre el Bósforo. Allí, Ghawth al-A’zam (que Allah esté complacido con él) se convirtió en maestro, doctor y guía para mí con su Futuhu’l-Ghayb, mientras que el Imám Rabbani (que Allah esté complacido con él) se convirtió en un compañero, un amigo comprensivo y un maestro con su Mektûbat (Cartas). Entonces estuve extremadamente feliz de haber llegado a la ancianidad, haberme retirado de los placeres de la civilización y de haberme liberado de la vida social. Agradecí a Allah.

Y entonces, ¡respetadas personas que han entrado a la ancianidad y que frecuentemente recuerdan la muerte a través de sus advertencias! Según la luz de las enseñanzas de la fe dictadas por el Corán, deberíamos mirar favorablemente a la ancianidad, la muerte y la enfermedad e incluso amarlas en un sentido. Ya que tenemos una bendición infinitamente preciosa como la fe, la ancianidad es tan agradable como la enfermedad y la muerte. Si hay cosas que son desagradables, son los pecados, los vicios, las innovaciones ilícitas en la religión y el extravío.

UNDÉCIMA ESPERANZA

Después de mi regreso del cautiverio, estaba viviendo con mi sobrino Abdurrahman en una mansión sobre el monte Çamlica de Estambul. Desde el punto de vista de mi vida mundanal, mi situación se podría haber considerado como la más feliz para personas como nosotros porque me había salvado de ser un prisionero de guerra y en el Darü’l-Hikmet teníamos éxito al propagar conocimiento de la manera más elevada apropiada para mi profesión, la profesión aprendida. El honor y la estima que me brindaban eran mucho mayores de lo que me correspondía. Vivía en Çamlica, el lugar más bello de Estambul. Todo era perfecto para mí. Estaba junto al difunto Abdurrahman, mi sobrino, que era extremadamente inteligente y abnegado y era mi alumno, mi siervo, mi escriba y mi hijo espiritual. Pero entonces, reconociéndome más afortunado que cualquier otra persona del mundo, miré el espejo y vi canas en mi pelo y en mi barba.

De repente, el despertar espiritual que había experimentado en la mezquita de Kosturma mientras estaba en cautiverio comenzó nuevamente. Como resultado, comencé a estudiar las circunstancias y causas a las que me sentía apegado de corazón y que creía que eran medios para la felicidad en este mundo. Pero cualquiera que estudiase, veía que estaba podrida; no merecía el apego; era engañosa. Aproximadamente en ese momento, sufrí un acto inesperado e inimaginable de deslealtad e infidelidad de manos de un amigo a quien yo creía muy leal. Sentí disgusto por la vida mundanal. Me dije a mí mismo: “¿He sido absolutamente engañado? Veo que mucha gente mira con envidia a nuestra situación, que en realidad debería dar lástima. ¿Están todos locos o soy yo el que ha enloquecido que veo a todas estas personas mundanales como tales?

De todos modos, como resultado de este despertar severo causado por mi ancianidad, primero que nada vi la fugacidad de todas las cosas efímeras a las que estaba apegado. Y mi miré a mí mismo y me vi absolutamente impotente. Entonces después mi espíritu, que desea la inmortalidad y que era adicto a los seres efímeros que creía inmortales, declaró: “Ya que soy un ser efímero con respecto a mi cuerpo, ¿qué bien puede venir de estas cosas efímeras? Ya que soy impotente, ¿qué puedo esperar de estas cosas impotentes? Lo que necesito es alguien que sea Eterno y Duradero, alguien que sea Eterno y Todopoderoso, que me de una solución para mi problema”. Y comencé a buscar.

Entonces, antes que nada, recurrí al aprendizaje que había estudiado de viejo, comencé a buscar un consuelo, una esperanza. Pero desafortunadamente, hasta ese momento había llenado mi mente con las ciencias de la filosofía así como también con las ciencias Islámicas y equivocadamente había imaginado que esas ciencias filosóficas eran la fuente del progreso y el medio de iluminación. Sin embargo, esos asuntos filosóficos habían ensuciado mucho a mi espíritu y habían sido un obstáculo para mi desarrollo espiritual. De repente, a través de la misericordia y la munificencia de Allah Todopoderoso, la sabiduría sagrada del Sabio Corán vino en mi ayuda. Como se explica en muchas partes de Risale-i Nur, lavó y limpió la suciedad de esos asuntos filosóficos.

Por ejemplo, la oscuridad espiritual que surge de la ciencia y de la filosofía hundió mi espíritu en el universo. Cualquier lugar a donde miraba buscando una luz, no podía encontrar ni un reflejo, no podía respirar. Y así continuó hasta la instrucción de la Unidad Divina dada por la frase del Sabio Corán: “No hay dios sino Él” dispersó todas esas capas de oscuridad con su luz brillante y pude respirar con facilidad. Pero confiando en lo que habían aprendido de los extraviados y filósofos, mi alma maligna y Satanás atacaron mi razón y mi corazón. Todo el agradecimiento sea para Allah, el debate que siguió con el alma maligna resultó en la victoria del corazón. Esos diálogos se han descrito en parte en muchas partes de Risale-i Nur. Y entonces, considerándolos suficientes, aquí explicaré sólo una prueba de miles para mostrar una milésima parte de esa victoria del corazón. De esta manera también puede limpiar los espíritus de algunos ancianos que se han ensuciado en su juventud, sus corazones enfermaron y sus almas malignas se mimaron en exceso, por asuntos que, a pesar de llamarse filosofía occidental o ciencias de la civilización, son en parte extravío y en parte trivialidades. Y sobre la Unidad Divina, se pueden salvar del mal de Satanás y del alma maligna. Es como sigue:

Mi alma maligna dijo en el nombre de las ciencias de la filosofía: “Según la naturaleza de las cosas, los seres del universo intervienen en otros seres. Todo mira hacia una causa. El fruto tiene que buscarse del árbol y la semilla, del suelo. Entonces, ¿Qué significa buscar lo diminuto y la cosa menos insignificante de Allah y buscarlo a Él para ello?

A través de la luz del Corán, el misterio de la Unidad Divina entonces se reveló de la siguiente manera: como la cosa más grande, mi corazón le dijo a mi alma maligna que se convirtió en filósofo, la más diminuta y la más particular procede directamente del poder del Creador de todo el universo y emerge de Su tesorería. No puede ocurrir de ninguna otra manera. En cuanto a las causas, son meramente un velo. Porque en relación al arte y la creación, a veces los seres que creemos que son los más pequeños y menos importantes son más grandes que los seres más grandes. Incluso si una mosca no es más grande que un pollo, no es una obra de arte menor. En cuyo caso, no se debería hacer ninguna diferencia entre lo grande y lo pequeño. Debería dividirse todo entre causas materiales o bien, debería atribuírsele todo de una vez a un solo Ser. Y así como lo anterior es imposible, lo último es necesario e imperativo.

Porque si los seres se atribuyen a un solo Ser, es decir al Eterno y Todopoderoso, ya que Su conocimiento, cuya existencia es certera a raíz del orden y de la sabiduría en todos los seres, abarca todo; y ya que la medida de todas las cosas está determinada en Su conocimiento; y ya que observadamente, los seres que están infinitamente llenos de arte, continuamente surgen a la existencia de la nada con infinita facilidad; y ya que según innumerables evidencias poderosas de que el Todopoderoso Omnisciente es capaz de crear cualquier cosa por la orden de  كُنْ فَيَكُونَ  tan fácilmente como encender un fósforo y como esto se explica en muchas partes de Risale-i Nur y se demuestra en particular en la Carta Veinte y al final del Destello Veintitrés, Él tiene poder ilimitado; ya que este es el caso, la facilidad extraordinaria que observamos surge de ese conocimiento abarcativo y poder magnificente.

Por ejemplo, si una solución especial se aplica a un libro escrito con tinta invisible, ese libro enorme, de repente, demuestra su existencia visiblemente y se hace leer. Exactamente de la misma manera, la forma particular de todo está determinada con una medida asignada por el conocimiento abarcativo del Eterno Todopoderoso. A través de la orden de  كُنْ فَيَكُونَ  y con Su poder ilimitado y con Su voluntad penetrante, como si esparciera la solución en la escritura, el Absolutamente Todopoderoso aplica una manifestación de Su poder al ser que existe como conocimiento y con absoluta facilidad le da una existencia externa; Él muestra a los ojos y hace leer los bordados de Su sabiduría.

Si todas las cosas no se atribuyen por completo a ese Eterno Todopoderoso, Quien Conoce a Todas las Cosas, entonces tal como debiendo reunir en una medida particular de la mayoría de las variedades de seres del mundo, el cuerpo de algo tan diminuto como una mosca, las partículas que trabajan en el cuerpo de esa mosca diminuta deberán conocer los misterios de la creación de la mosca y su arte perfecto en todos sus detalles más minúsculos. Porque como todos los inteligentes acuerdan, las causas naturales y físicas evidentemente no se pueden crear de la nada. En cuyo caso, si las crean, reunirán al ser. Y ya lo reunirán – cualquier ser vivo que fuera, hay dentro de él muestras de la mayoría de los elementos y de la mayoría de las variedades de los seres, porque los seres vivos son bastante parecidos a una semilla o a la esencia del universo – por supuesto será necesario para ellos reunir una semilla de todo el árbol y un ser vivo de toda la faz de la tierra cerniéndolos a través de un tamiz delicado y midiéndolos con la balanza más sensible. Y ya que las causas naturales son ignorantes y sin vida, y no tienen conocimiento con el que determinar un plan, un índice, un modelo o un programa según con el cual puedan fundir y verter las partículas que entran en el molde inmaterial del ser en cuestión, tampoco se dispersan ni arruinan su orden, está claro qué tan lejos está de la posibilidad y la razón suponer que sin un molde o una medida, pueden hacer que las partículas de los elementos que fluyen como diluvios permanezcan en el otro en forma de masa ordenada sin que se dispersen, porque todo tiene una sola forma y medida entre las posibilidades sin cálculo o cuenta. Por cierto, todos quienes no tienen ceguera en sus corazones lo verán. Sí, como consecuencia de esta verdad, según el significado de la aleya:

اِنَّ الَّذِينَ تَدْعُونَ مِنْ دُونِ اللّٰهِ لَنْ يَخْلُقُوا ذُبَابًا وَلَوِ اجْتَمَعُوا  لَهُ [5]  si todas las causas materiales se reunieran y si tuvieran voluntad, no podrían reunir ni siquiera a una mosca, y sus sistemas y órganos con su equilibrio particular. E incluso si pudieran reunirlos, no podrían hacerlos permanecer en la medida especificada del ser. E incluso si pudieran mantenerlos así, no podrían hacer aquellas partículas diminutas, que constantemente se renuevan y vienen a ese cuerpo y trabajan con regularidad y en orden. En cuyo caso, evidentemente, las causas no pueden reclamar propiedad de las cosas. Es decir, su Verdadero Dueño es alguien más.

Por cierto, su Verdadero Dueño es tal que, según la aleya:

مَا خَلْقُكُمْ وَلاَ بَعْثُكُمْ اِلاَّ كَنَفْسٍ وَاحِدَةٍ  Él trae a la vida a todos los seres vivos sobre la faz de la tierra tan fácilmente como trae a la vida a una sola mosca. Él crea la primavera tan fácilmente como crea una sola flor. Porque Él no tiene ninguna necesidad de reunir las cosas. Ya que Él es el dueño de la orden de  كُنْ فَيَكُونَ ; y ya que cada primavera Él crea de la nada los innumerables atributos, estados y las formas de los seres innumerables de la primavera junto con los elementos de sus seres físicos; y ya que Él determina el plan, el modelo, el índice y el programa de todo en Su conocimiento; y ya que todas las partículas están en movimiento dentro de la esfera de Su conocimiento y poder; en consecuencia Él crea todo con infinita facilidad como si prendiera un fósforo. Y nada en absoluto confunde su movimiento ni en una iota. Y las partículas son como un ejército regular y bien ordenado como los planetas son un ejército obediente de Él.

Ya que están en movimiento confiando en ese poder eterno y funcionan según los principios de ese conocimiento eterno, esas obras surgen a la vida según ese poder. Y, en consecuencia, no se pueden juzgar como insignificantes al considerar sus individualidades sin importancia. Porque a través de la fuerza de estar conectada a ese poder, una mosca puede matar a un Nimrod, una hormiga puede destruir el palacio del Faraón y la semilla diminuta del pino carga sobre sus hombros el peso de un pino tan alto como una montaña. Hemos demostrado esta verdad en numerosas partes de Risale-i Nur: tal como a través de su alistamiento en el ejército y al estar conectado al rey, un soldado común puede tomar a otro rey como prisionero, excediendo su propia capacidad cien veces, así también al estar conectadas al poder eterno, todas las cosas pueden manifestar milagros de arte que exceden la capacidad de las causas naturales cientos de miles de veces.

En Breve: El hecho de que todas las cosas surjan a la vida con un arte infinito y una facilidad infinita muestra que son las obras de un Todopoderoso Eterno que tiene un conocimiento abarcativo. De lo contrario, no surgiría a la vida con cien mil imposibilidades sino dejando los lazos de la posibilidad y entrando a los de la imposibilidad, incluso nada podría existir, por cierto, que surja a la vida sería imposible.

Y entonces, a través de esta prueba tan sutil, poderosa, profunda y clara, mi alma maligna, que ha sido temporariamente un estudiante de Satanás y el vocero de los extraviados y filósofos, fue silenciada y, todas las alabanzas sean para Allah, se convirtió en creyente por completo. Dijo:

Sí, lo que yo necesito es a mi Creador y Sustentador Que tiene el poder de conocer los más ínfimos pensamientos de mi corazón y mis deseos más ocultos; y como Él responderá las necesidades más ocultas de mi espíritu, transformará la tierra poderosa en el Más Allá para darme felicidad eterna y quitará a este mundo y pondrá en su lugar al Más Allá; y creará los cielos como crea a una mosca; y como Él apresura al sol como un ojo en la faz del cielo, puede ubicar una partícula en la pupila de mi ojo. Porque quien no puede crear una mosca no puede intervenir en los pensamientos de mi corazón y no puede oír las peticiones de mi espíritu. Quien no puede crear los cielos, no puede darme felicidad eterna. En cuyo caso, mi Sustentador es Quien purifica los pensamientos de mi corazón y, así como Él llena y vacía los cielos con nubes en una hora, transformará este mundo en el Más Allá, creará el Paraíso y abrirá su puerta para mí diciéndome “¡Ven, entra!”.

Y entonces, ¡mis hermanos ancianos que como resultado de la desdicha, como mi alma maligna, han gastado parte de sus vidas en la filosofía materialista y la ciencia occidental sin luz! Comprendan del sagrado decreto de “No hay más dios que Allah” pronunciado permanentemente por la lengua del Corán, ¡qué pilar de la fe tan poderoso y verdadero, inquebrantable e intacto, inalterable y sagrado es y cómo dispersa toda la oscuridad espiritual y cura todas las heridas espirituales!

Es como si incluir esta larga historia entre las puertas de la esperanza de mi ancianidad fuera involuntario. No quise incluirla, por cierto, me contuve de hacerlo porque pensé que sería tedioso, pero puedo decir que me vi obligado a escribirlo. De todos modos, para volver al tema principal:

Como consecuencia de las canas que aparecen en mi pelo y en mi barba y por la infidelidad de un amigo leal, sentí rechazo por los placeres de la vida mundanal de Estambul que era tan brillante, agradable superficialmente y dorada.  Mi alma buscó los placeres espirituales en lugar de los placeres con los que estaba obsesionada. Quería una luz, un consuelo, en esta ancianidad, que desde el punto de vista de los negligentes es fría, pesada y desagradable. Y, todas las alabanzas sean para Allah, y cien mil gracias, tal como encontré los placeres de la fe verdaderos, duraderos y dulces en “No hay más dios que Allah” y en la luz de la Unidad Divina en lugar de todos esos placeres mundanales falsos, desagradables y efímeros, así también, a través de la luz de la Unidad Divina, vi la ancianidad que desde el punto de vista de los negligentes es fría y pesada como muy liviana, cálida y luminosa.

¡Oh, ustedes, ancianos y ancianas! Ya que tienen fe y ya que rezan y ofrecen súplicas que iluminan e incrementan la fe, pueden considerar vuestra ancianidad como juventud eterna porque a través de ella pueden obtener juventud eterna. La ancianidad que en verdad es fría, pesada, fea, oscura y llena de dolor es la ancianidad de los extraviados, por cierto, su juventud también. Son ellos quienes deberían llorar con suspiros y reproches. Mientras que ustedes, respetados ancianos creyentes, deberían agradecer felizmente diciendo: “¡Todas las alabanzas y todo el agradecimiento sea para Allah por todas las situaciones!”

DUODÉCIMA ESPERANZA

Una vez, era prisionero en el distrito de Barla en la provincia de Esparta en un cautiverio angustiante bajo el nombre de exilio, en un estado verdaderamente desdichado, sufriendo de enfermedad y de ancianidad, y estar en el extranjero, y en un pueblo solo sin nadie, privado de toda compañía y comunicación. Entonces, con Su perfecta misericordia, Allah Todopoderoso me otorgó una luz en relación a los puntos sutiles y los misterios del Sabio Corán que fue el medio de consuelo para mí. Con él, intenté olvidar mi estado lamentable, doloroso y triste. Fui capaz de olvidar a mi tierra natal, a mis amigos y parientes, pero ¡ay!, hubo una persona a la que no pude olvidar y ese fue el difunto Abdurrahman, que era mi sobrino, mi hijo espiritual, mi alumno más abnegado y mi amigo más valiente. Me había abandonado seis o siete años antes. Ni él sabía a dónde estaba yo, para que pudiera apresurarse a ayudarme y consolarme, ni yo sabía su situación para que pudiera mantener correspondencia con él y pudiéramos confiar uno en el otro. Ahora, en mi ancianidad, necesitaba de alguien leal y abnegado como él.

Entonces, de la nada, alguien me dio una carta. La abrí y vi que era de Abdurrahman, escrita de una manera que mostraba su verdadero estado. Mostrando claramente tres instancias de maravillas, parte de ella se ha incluido entre las partes de la Carta Veintisiete. Me hizo llorar y aún me hace llorar. El difunto Abdurrahman escribió en su carta con seriedad y sinceridad que él despreciaba los placeres del mundo y que su mayor deseo era encontrarme y velar por mis necesidades en mi ancianidad tal como yo lo había cuidado cuando él era un niño. También quería ayudarme con su pluma capaz para esparcir los misterios del Corán, mi verdadera tarea en este mundo. Incluso escribió en su carta: “Envíame veinte o treinta tratados y escribiré veinte o treinta copias de cada uno y haré que otros los escriban”.

Su carta me hizo sentir esperanzado con respecto al mundo. Pensando que había encontrado un alumno valiente que era tan inteligente como un genio y me ayudaría con más lealtad y conexión que un hijo verdadero, me olvidé de mi cautiverio tortuoso, mi soledad, alejamiento y ancianidad.

Había obtenido una copia de la Palabra Diez sobre la fe en el Más Allá antes de escribir la carta. Fue como si el tratado hubiera sido un remedio para él que le curó todas las heridas espirituales que había recibido durante esos seis o siete años. Luego escribió la carta para mí, como si estuviera esperando su muerte con una fe verdaderamente fuerte y brillante. Entonces uno o dos meses después, mientras pensaba una vez más en pasar una vida mundanal feliz con Abdurrahman, ¡ay!, de repente recibí noticias de su muerte. Estuve tan sacudido por la noticia que cinco años más tarde aún estoy bajo su efecto. Me afligió con dolor, pesar y un sentido de separación que excede diez veces más que el cautiverio tortuoso, la soledad, el alejamiento, la ancianidad y la enfermedad que estaba sufriendo entonces. La mitad de mi mundo privado se había muerto con la muerte de mi madre y ahora, con la muerte de Abdurrahman, murió la otra parte. Mis lazos con el mundo se habían cortado por completo. Porque si él hubiera vivido, podría haber sido una ayuda poderosa en mis deberes que miraban al Más Allá y un sucesor merecedor de ocupar mi lugar absolutamente después de mí y un amigo muy abnegado y un consuelo. Hubiera sido mi alumno y compañero más inteligente y un protector muy confiable y el dueño de Risale-i Nur.

Sí, en relación a la humanidad, esa pérdida es extremadamente angustiante y dolorosa para personas como yo. Es verdad que externamente intentaba soportarlo, pero una tormenta feroz rugía en mi espíritu. Si de vez en cuando el consuelo que procede de la luz del Corán no me hubiera consolado, no me hubiera sido posible soportarlo. En ese momento solía andar solo por las montañas y los valles de Barla. Sentado en lugares solitarios entre mis pesares, fotos de la vida feliz que había pasado en otras épocas con mis alumnos leales como Abdurrahman pasó por mi imaginación como en el cine; afectado rápidamente debido a la ancianidad y el alejamiento, rompieron mi resistencia. De repente, el significado sagrado de la aleya:

كُلُّ شَيْءٍ هَالِكٌ اِلاَّ وَجْهَهُ لَهُ الْحُكْمُ وَاِلَيْهِ تُرْجَعُونَ se reveló para mí. Me hizo declarar: “¡Oh, Eterno, eres Tú Quien eres Eterno! “¡Oh, Eterno, eres Tú Quien eres Eterno!” y verdaderamente me consoló.

Entonces, como se describe en el tratado, la Carretera de las Prácticas del Profeta (PyB), a través del significado de esta aleya mientras estaba en ese valle solitario y en ese estado triste, me vi a mí mismo a la cabeza de tres cadáveres grandes:

Uno fue que me vi a mí mismo como una lápida en la tumba de los cincuenta y cinco Saids muertos de mis cincuenta y cinco años que habían sido enterrados en el curso de mi vida.

El segundo cadáver era el cadáver grande de todos los seres humanos que habían muerto desde la época de Adán (p.) y habían sido enterrados en la tumba del pasado. Me vi a mí mismo como un ser vivo minúsculo como una hormiga en la cabeza de ese cadáver, deambulando por la faz de este siglo, que era como su lápida.

El tercer cadáver, como los seres humanos cada año con la muerte de un mundo viajero en la faz de la tierra, el mundo mayor también morirá, según el misterio de la mencionada aleya; esto fue encarnado ante mi imaginación.

Entonces, la aleya:

فَاِنْ تَوَلَّوْا فَقُلْ حَسْبِىَ اللّٰهُ لاَ اِلهَ اِلاَّ هُوَ عَلَيْهِ تَوَكَّلْتُ وَهُوَ رَبُّ الْعَرْشِ الْعَظِيمِ

iluminó con su verdadero consuelo y luz inagotable aquella visión increíble que surgía de mi dolor por la muerte de Abdurrahman; vino a ayudarme con su significado alusivo, afirmando: ya que Allah Todopoderoso existe, Él toma el lugar de todo. Ya que Él es Eterno, Él es por cierto suficiente. Una sola manifestación de Su gracia toma el lugar de todo el mundo. Y una manifestación de Su luz les da el significado de vida a los tres cadáveres grandes mencionados anteriormente, mostrando que no son cadáveres sino habiendo completado sus deberes, han partido a otros mundos. Este misterio se ha explicado en el Destello Tres, entonces, conformándonos con lo anterior, aquí sólo digo que las dos repeticiones de la frase “¡Oh, Eterno, eres Tú Quien eres Eterno! “¡Oh, Eterno, eres Tú Quien eres Eterno!”, que ilustra el significado de كُلُّ شَيْءٍ هَالِكٌ اِلاَّ وَجْهَهُ [hasta el final de la aleya], me salvaron de ese estado tan doloroso y triste. Fue así:

La primera vez que pronuncié “¡Oh, Eterno, eres Tú Quien eres Eterno!”, comenzó una cura como una operación quirúrgica entre las heridas espirituales interminables que surgen del paso del mundo y de los amigos de este mundo con quienes estaba apegado como Abdurrahman y de que los lazos que me ataban estaban rotos.

La segunda vez, la frase “¡Oh, Eterno, eres Tú Quien eres Eterno!” fue un remedio y un antídoto para todas esas heridas espirituales innumerables. Es decir: “Tú eres eterno. Deja que quienes parten lo hagan; Tú eres suficiente. Ya que Tú eres Eterno, una manifestación de Tu misericordia es suficiente en lugar de todas las cosas, que son efímeras. Ya que Tú existes, para quien sabe de la conexión con Tu existencia a través de la fe y a través del misterio del Islam actúa según esa relación, todo existe. La fugacidad y el declive, la muerte y la inexistencia son un velo, una renovación; como viajando a través de los diversos dominios”. Pensando en esto, mi estado mental doloroso, triste, grave, oscuro, increíble y manchado de separación que se transformó en un estado feliz, alegre, agradable, luminoso, amable y familiar. Mi lengua y corazón, por cierto a través de sus estados, todas las partículas de mi ser exclamaron; “¡Todas las alabanzas sean para Allah!”

Una milésima parte de esa manifestación de misericordia es esta: regresé a Barla de ese valle penoso y de ese estado mental melancólico, donde vi que un hombre joven de Kuleönü llamado Mustafa había venido a hacerme algunas preguntas sobre las cinco oraciones diarias y abluciones. A pesar de que no aceptaba visitas en ese momento, como si fuera una premonición, mi espíritu percibió la sinceridad en su espíritu y los servicios valiosos que realizaría en el futuro por Risale-i Nur[6], y no lo rechacé, lo acepté[7]. Más tarde estuvo claro que Allah Todopoderoso envió a Mustafa a mí como una muestra en lugar de Abdurrahman, que como un merecido sucesor llevaría a cabo por completo la tarea de un verdadero heredero de la obra de Risale-i Nur, como si dijera: “Tomé un Abdurrahman de ti, pero te daré a cambio treinta Abdurrahmanes como el Mustafa que ves, que serán alumnos, sobrinos, hijos espirituales, hermanos y camaradas abnegadas en este deber por la religión”.

Sí, alabado sea Allah, Él me dio treinta Abdurrahmanes. Entonces me dije a mí mismo: “¡Oh, corazón que llora! Ya que has visto esta muestra y a través de él Allah ha sanado tus heridas espirituales más serias, deberías estar seguro de que Él sanará todo el resto de las heridas que te afligen”.

Y entonces, ¡mis hermanos ancianos y hermanas ancianas que, como yo, han perdido en la ancianidad un hijo o un pariente muy querido y quienes cargan las penas agudas de la separación junto con las cargas de la ancianidad! Han comprendido de mi situación que, mientras que es mucho más intensa que la vuestra, se curó y sanó con la aleya del Corán. Al ser así, hay remedios para sanar todas vuestras aflicciones en la farmacia sagrada del Sabio Corán. Si tienes acceso a ella a través de la fe y usas esos remedios a través de la adoración, las cargas pesadas de vuestra ancianidad sobre vuestras espaldas y vuestras penas en vuestras cabezas se aliviarán considerablemente.

La razón por la que escribí esta parte larga era para buscar más oraciones de misericordia para el difunto Abdurrahman, para que no se agoten. También, mi propósito de mostrar mi peor herida de una manera extremadamente dolorosa y desagradable que puede molestarlos demasiado y desanimarlos, es demostrar qué remedio maravilloso y que luz brillante es el sagrado antídoto del Sabio Corán.

DÉCIMO TERCERA ESPERANZA[8]

En esta Esperanza describiré una escena importante del curso de mi vida; por eso será un poco extensa, entonces espero que no se aburran ni se ofendan.

Después de haberme salvado del cautiverio de Rusia durante la Primera Guerra, el servicio de la religión en Darü’l-Hikmet me hizo permanecer en Estambul por dos o tres años. Entonces, a través de la guía del Sabio Corán y de la influencia espiritual de Ghawth al-A’zam y del despertar de la ancianidad, sentí un cansancio por la vida civilizada de Estambul y un disgusto por su vida social brillante. Un sentimiento de anhelo por mi tierra natal me condujo allí y pensando, ya que iba a morir, permíteme morir en mi propio país, me fui a Van.

Antes que nada, fui a visitar mi medrese en Van, el Horhor. Vi que los armenios lo habían arrasado durante la ocupación rusa, como al resto de los edificios de Van. Estaba justo debajo y adyacente al famoso fuerte de Van, que es un gran monolito como una montaña. Mis verdaderos amigos, hermanos y alumnos cercanos de la medrese estaban encarnados ante mis ojos. Algunos de aquellos alumnos abnegados se habían convertido en mártires reales, mientras que otros habían muerto debido a esa calamidad y se habían convertido en efecto en mártires.

No pude evitar ponerme a llorar. Trepé hasta la cima del fuerte que miraba hacia la medrese, hasta las torres sobre él a una altura de dos minaretes y me senté. Regresé con mi imaginación siete u ocho años atrás. Teniendo una imaginación poderosa, deambulé por esa época con mi mente. No había nadie alrededor que me distrajera de esas imaginaciones y me trajeron de regreso de esa época porque estaba solo. Ya que mi punto de vista de aquellos siete u ocho años se expandió, vi un cambio como si hubiera pasado un siglo. Vi que el pueblo al pie del fuerte había sido incendiado y destruido por completo. Lo miré con tanta tristeza que fue como si desde el momento en que lo había visto hasta cuando estaba mirándolo, hubieran pasado doscientos años. La mayoría de la gente de aquellas casas habían sido mis amigos y conocidos. La mayoría de ellos habían muerto en las migraciones, que Allah tenga misericordia sobre ellos, o se habían ido a un alejamiento desdichado. Excepto por el cuartel armenio, todas las casas musulmanas de Van habían sido arrasadas. Mi corazón estaba lacerado profundamente. Estaba tan afectado que si hubiera tenido mil ojos, todos hubieran llorado al mismo tiempo. Había regresado a mi tierra natal desde el extranjero; había pensado que me había salvado del alejamiento. Pero, ¡ay!, el alejamiento más lamentable lo experimenté en mi tierra natal. Vi que cientos de mis alumnos y amigos a quienes había estado muy apegado, como Abdurrahman en la Duodécima Esperanza, habían entrado a la tumba y que todos sus lugares estaban en ruinas.

Había algunas líneas que habían estado por mucho tiempo en mi mente, pero no había comprendido su verdadero significado. Ahora, ante esa escena triste, comprendí su significado por completo. Las líneas eran estas:

لَوْلاَ مُفَارَقَةُ اْلاَحْبَابِ مَا وَجَدَتْ لَهَا الْمَنَايَا اِلَى اَرْوَاحِنَا سُبُلاً

“Si no hubiera separación de los amigos, la muerte no podría encontrar el camino hacia nuestros espíritus para que pudiera llegar a ellos”. Es decir, lo que más mata al ser humano es la separación de los amigos. Sí, nada me había provocado tanto sufrimiento y dolor, ni me había hecho llorar como esa situación. Si la ayuda no hubiera venido del Corán y de la fe, ese dolor, pesar y sufrimiento hubiera hecho que mi espíritu volara.

Desde antaño, en sus versos, los poetas han lamentado la destrucción con el tiempo de los lugares en donde habían estado junto a sus seres queridos. Y había visto esto de la manera más dolorosa con mis propios ojos. Con el pesar de alguien que pasa por la morada de sus amigos queridos después de doscientos años, mi corazón y espíritu se unió a mis ojos y todos lloraron juntos. Entonces una a una las escenas felices de la vida que habían pasado durante cerca de veinte años donde había estudiado con mis alumnos valiosos, cuando los lugares que ahora estaban en ruinas ante mis ojos eran florecientes y felices, surgieron a la vida ante mí, como películas en el cine, luego murieron y se desvanecieron. Esto continuó ante el ojo de mi imaginación por algún tiempo.

Luego me sentí asombrado por el estado de los mundanales, ¿cómo es que se engañan a sí mismos? Porque la situación allí mostró claramente que este mundo es transitorio y que los seres humanos son huéspedes dentro de él. Vi con mis propios ojos qué verdaderas son las palabras que la gente de la realidad repite constantemente: “El mundo es cruel, traicionero, malo: ¡no se engañen con él!” Y también vi que tal como el ser humano está conectado con su propio cuerpo y su hogar, así también está conectado con su pueblo, su país, por cierto, con el mundo. Porque mientras lloraba con mis dos ojos por la ancianidad lamentable con respecto a mi cuerpo, quería llorar con diez ojos no sólo por la ancianidad de mi medrese sino por su muerte. Y sentí la necesidad de llorar con cien ojos por mi bella tierra natal que estaba medio muerta.

Afirma un Hadiz que cada mañana un ángel exclama:

لِدُوا لِلْمَوْتِ وَابْنُوا لِلْخَرَابِ “Ustedes vienen al mundo y nacen para morir y construyen edificios para ser destruidos”. Escuchaba esta verdad no con mis oídos, sino con mis ojos.

Diez años más tarde, aún lloraré cuando imagine esa situación, de la misma manera que me hizo llorar en ese momento. Sí, las ruinas de las casas el pie del antiguo fuerte, de miles de años de antigüedad, y el pueblo que envejecía ocho años en ochocientos años y la muerte de mi medrese, que había florecido y había sido el lugar de encuentro de amigos, todo indicaba lo vasto del cadáver inmaterial de todas las medreses del Imperio Otomano, que habían muerto; el gran monolito del fuerte de Van se había vuelto una lápida de todos ellos. Fue como si mis alumnos que habían estado junto a mí en la medrese ocho años antes estuvieran llorando en sus tumbas junto conmigo. Por cierto las paredes arruinadas del pueblo y sus piedras desparramadas estaban llorando junto conmigo. Los vi como si lloraran.

Entonces comprendí que no podría soportar este alejamiento en mi tierra natal. Pensé que debería unirme a ellos en la tumba o bien retirarme a una cueva en las montañas y esperar mi muerte allí. Me dije a mí mismo:

“Ya que en este mundo existen separaciones insoportables y dolorosas que quiebran la paciencia y resistencia, la muerte es preferible a la vida. Los dolores de la vida como estos no se pueden soportar”.

Luego eché un vistazo sobre los seis aspectos y los vi todos oscuros. La negligencia que surge de mi intenso dolor me mostró el mundo como terrorífico, vacío, desolado y casi colapsando sobre mi cabeza. Mi espíritu buscó un punto de apoyo frente a las innumerables calamidades hostiles. Sus deseos interminables que se estiran hasta la eternidad estaban buscando algo que los satisficiera. Mientras esperaba consuelo frente a la pena y al dolor que surgían de aquellas interminables separaciones y muertes, esa devastación interminable, de repente la realidad se manifestó de las aleyas del Sabio Corán:

سَبَّحَ لِلّٰهِ مَا فِى السَّمٰوَاتِ وَاْلاَرْضِ وَهُوَ الْعَزِيزُ الْحَكِيمُ ٭ لَهُ مُلْكُ السَّمٰوَاتِ وَ اْلاَرْضِ يُحْيِى وَ  يُمِيتُ وَ هُوَ عَلَى كُلِّ شَيْءٍ قَدِيرٌ

Me salvó de esa imaginación lamentable, terrible, triste y manchada de separación y abrió mis ojos. Vi que los frutos en lo alto de los árboles estaban mirándome como si sonrieran. “Nótanos a nosotros también”, decían. “No observes sólo las ruinas”. La realidad de las aleyas me advirtió así:

“¿Por qué una carta artificial escrita en forma de un pueblo por la mano de los seres humanos que son huéspedes en la página del valle de Van, eliminada por un torrente calamitoso llamado la invasión rusa te entristece tanto? Considera al Inscriptor Eterno, el Verdadero Dueño y Sustentador de todo, porque Sus escritos en esta página de Van continúan escribiéndose de manera brillante, de la manera que tú solías verlas. Tu llanto por aquellas ruinas desoladas surge del error de olvidar a su Verdadero Dueño, sin pensar que los seres humanos son huéspedes e imaginándolos como dueños”.

Una puerta hacia la realidad se abrió desde ese error, desde esa mirada dolorosa, y mi alma maligna se preparó para aceptar la realidad completamente. Como el hierro que se hunde en el fuego para ablandarse y ser provechoso, esa mirada dolorosa y ese estado terrible eran fuego que suavizó mi alma maligna. A través de la realidad de las aleyas mencionadas, el Corán de Milagrosa Exposición le mostró la refulgencia de las verdades de la fe, obligándola a aceptarlo.

Sí, todo el agradecimiento sea para Allah, como se demostró fehacientemente en otras partes de Risale-i Nur como la Carta Veinte, a través de la refulgencia de la fe en Allah, la realidad de las aleyas da un punto de apoyo para el espíritu y el corazón que se revela según la fuerza de la fe de cada uno. Esto fue tan poderoso que me brindó una fuerza que podría haber confrontado calamidades cien veces más terribles que la situación que vi. Pronuncié este recordatorio: “Todo está sujeto a la orden del Verdadero Dueño de este país, vuestro Creador. Las riendas de todas las cosas están en Sus manos. Tu relación con Él es suficiente”.

Al reconocer a mi Creador y confiar en Él, todas las cosas que habían parecido hostiles renunciaron a su enemistad y las cosas dolorosas que me habían hecho llorar comenzaron a hacerme feliz. Y como hemos demostrado con pruebas ciertas en muchas partes de Risale-i Nur, a través de la luz que procede a la fe en el Más Allá, dio tal punto de ayuda frente a mis interminables deseos que fue suficiente no sólo para mi apego y deseo de amistades mundanales insignificantes, temporarias y breves, sino para mis innumerables deseos trascendentales en el mundo de la permanencia, de felicidad duradera por toda la eternidad. Porque a través de una manifestación de Su misericordia, el Misericordioso y Compasivo, en su casa de huéspedes que es la faz de la Tierra que su cada primavera sirve sobre la mesa de esa estación incalculables cantidades de bendiciones deliciosas como un desayuno y llenas de arte para complacer a Sus huéspedes por una o dos horas. Luego después de proveerles con éstas, Él prepara para Sus siervos innumerables variedades de bendiciones y para un tiempo que no termina llena ocho Paraísos permanentes con ellas de entre Sus moradas eternas. Quien confía en la misericordia del Misericordioso y Compasivo a través de la fe y conoce su relación, seguro encuentra una fuente de ayuda tal que incluso su nivel menor provee de innumerables esperanzas alcanzando la eternidad y las hace continuar.

Además, a través de la realidad de estas aleyas, la luz que procede de la refulgencia de la fe se manifestó de manera tan brillante que iluminó aquellos seis aspectos oscuros como el día. Iluminó el estado de llanto por mis alumnos, mis amigos y mi medrese con este recordatorio: “El mundo al que tus amigos han ido no es oscuro. Meramente han cambiado su lugar; se reunirán nuevamente”. Puso fin a mis lágrimas por completo y me hizo comprender que encontraría a otros parecidos a ellos en este mundo que ocuparían su lugar.

Sí, todas las alabanzas sean para Allah, Él trajo a la vida a los muertos de la medrese de Van con la medrese de Esparta y Él, en significado, trajo a la vida a mis amigos allí con más cantidad de alumnos y amigos valiosos aquí. También dio a conocer que el mundo no está vacío y sin significado y que pensar en ello en forma de país desperdiciado estaba equivocado: como lo requiere Su sabiduría, el Verdadero Dueño cambia las escenas artificiales hechas por el ser humano y renueva Sus misivas. Como cuando algunos frutos más de un árbol se cosechan, más crecen otros es sus lugares, la muerte y la separación en la humanidad también se renuevan y cambian. Desde el punto de vista de la fe, son una renovación que produce no la pena dolorosa que surge de la falta de amigos, sino una pena dulce que surge de partir para encontrarnos nuevamente en otro lugar mejor.

Las aleyas también iluminaron el rostro de los seres del universo que habían aparecido oscuros en la situación horrenda anterior. Quise ofrecer las gracias por esto y las siguientes líneas en árabe se me ocurrieron, que describieron esa realidad exactamente. Dije:

اَلْحَمْدُ لِلّٰهِ عَلَى نُورِ اْلاِيمَانِ الْمُصَوِّرِ مَا يُتَوَهَّمُ اَجَانِبَ اَعْدَاءً اَمْوَاتًا مُوَحِّشِينَ اَيْتَامًا بَاكِينَ ؛ اَوِدَّاءَ اِخْوَانًا اَحْيَاءً مُونِسِينَ مُرَخَّصِينَ مَسْرُورِينَ ذَاكِرِينَ مُسَبِّحِينَ.

Es decir, debido a la negligencia que resulta de mi estado mental doloroso, algunos de los seres del universo aparecían ante mi alma negligente, como hostiles y extraños[9], otros como cadáveres impresionantes y aún otros como huérfanos que lloran por su soledad. Esta escena horrible que se le ha mostrado a mi alma maligna negligente, a través de la luz de la fe vi, con la certeza de los ojos que estos que se visten como extraños y hostiles eran todos amigos y hermanos. En cuanto a los cadáveres terroríficos, algunos estaban vivos y eran amigables, mientras que otros habían sido liberados de sus deberes. Y viendo a través de la luz de la fe, el llanto de los huérfanos como el murmullo del recuerdo y la glorificación de Allah, ofrecí interminables alabanzas y agradecimientos al Glorioso Creador, Quien me dio la fe, la fuente de estas bendiciones innumerables. Y viendo que es mi derecho pensar en todos los seres de mi mundo personal, que es tan vasto como el mundo, como comprometido en la alabanza y la glorificación de Allah y a través de la intención de hacer uso de ellos, significa que digo: “Todas las alabanzas y el agradecimiento sean para Allah por la luz de la fe” junto con todos aquellos seres, que lo pronuncian individualmente y como un todo a través de sus estados.

Además, los placeres de la vida, que se habían reducido a nada por mi negligencia y mi terrible estado, y mis esperanzas, que se habían marchitado por completo, y mis placeres personales y mis bendiciones, que se habían restringido dentro de los límites más estrechos, por cierto, se habían destruido, a través de la luz de la fe de repente expandieron tanto esa esfera estrecha alrededor de mi corazón que contuvo a todo el universo – como se ha demostrado con claridad en otras partes de Risale-i Nur – y en lugar de las bendiciones que se habían marchitado en el jardín de la medrese de Horhor y perdido su gusto, hizo que cada uno de los reinos de este mundo y del Más Allá sea una mesa de bendiciones y misericordiosa. No les mostró a diez o tantos miembros humanos como los ojos, oídos y corazón, sino a los cientos de miembros en forma de brazo extremadamente largo que los creyentes podrían extender cada uno según su nivel, aquellas dos mesas del Más Misericordioso, para reunir las bendiciones de todos lados. En ese momento, pronuncié las siguientes palabras tanto para expresar esta elevada verdad como para agradecer por aquellas interminables bendiciones:

اَلْحَمْدُ لِلّٰهِ عَلَى نُورِ اْلاِيمَانِ الْمُصَوِّرِ للِدَّارَيْنِ مَمْلُوؤَتَيْنِ مِنَ النِّعْمَةِ وَ الرَّحْمَةِ لِكُلِّ مُؤْمِنٍ حَقًّا يَسْتَفِيدُ مِنْهُمَا بِحَوَاسِّهِ الْكَثِيرَةِ الْمُنْكَشِفَةِ بِاِذْنِ خَالِقِهِ

“A mi máximo posible, con todas las partículas de mi ser, ofrezco alabanzas y agradecimiento tan grandes como el mundo y el Más Allá a mi Creador por la luz y la bendición de la fe, porque me muestra que este mundo y el Más Allá están inundados de bendiciones y misericordia y me permite a mí y a todos los verdaderos creyentes beneficiarnos de aquellas dos vastas mesas con las manos de todos sus sentidos, que se desarrollan y revelan a través de la luz de la fe y del Islam”.

Ya que la fe es tan enormemente efectiva en este mundo, por cierto en el Reino Eterno tendrá tantos frutos y refulgencias que no se pueden comprender con la mente de este mundo, ni tampoco describirlos.

Y entonces, ¡ustedes, ancianos que, como yo, debido a la ancianidad experimentan los dolores de la separación de numerosos amigos! Sin importar cuánto más anciano que yo sea el más anciano de ustedes, creo que en significado soy más anciano que él. Porque debido a mi naturaleza siento excesiva pena por mis amigos por esa compasión, he experimentado los sufrimientos de miles de mis hermanos además de mis propios dolores y en consecuencia siento como si hubiera vivido por cientos de años. Sin importar cuánto hayan sufrido por la calamidad de la separación, ustedes no se han expuesto a esa calamidad tanto como yo. Porque no tengo ningún hijo en el que deba pensar solamente. Siento dolor y lástima por las penas de miles de hijos musulmanes e incluso de animales inocentes, debido a esta lástima y compasión excesiva de mi naturaleza. No tengo una casa propia en la que deba pensar solamente. Más bien, por el patriotismo Islámico, estoy preocupado por este país e incluso al mundo Islámico, como si ellos fueran mi casa. ¡Me entristezco con los dolores de mis amigos musulmanes en esas dos grandes casas y estoy apenado por partir de ellos!

Y entonces, la luz de la fe fue suficiente para mí y para mis penas que surgen de la ancianidad y los dolores de la separación; me dio una esperanza inagotable, una fe irrefutable, una luz insaciable, un consuelo interminable. La fe entonces es por cierto más que suficiente para ustedes frente a la oscuridad, la negligencia, las penas y los dolores de la ancianidad. En realidad, la ancianidad que es absolutamente negra y que carece de luz y consuelo, y la separación más dolorosa y terrible, es la ancianidad y la separación de los extraviados y los disolutos. Experimentando la fe que otorga tanta esperanza, luz y consuelo y sus efectos es posible al adoptar una actitud de adoración conciente, merecedora de la ancianidad y apropiada al Islam. No es posible al intentar imitar a los jóvenes, hundir la cabeza de uno en las negligencias ebrias y olvidarse de la ancianidad.

Concéntrense en el Hadiz, cuyo significado es:

خَيْرُ شَبَابِكُمْ مَنْ تَشَبَّهَ بِكُهُولِكُمْ وَشَرُّ كُهُولِكُمْ مَنْ تَشَبَّهَ بِشَبَابِكُمْ  Es decir: “Los mejores de vuestros jóvenes son quienes se parecen a los ancianos en dignidad y abstenerse de los vicios, mientras que los peores de vuestros ancianos son quienes se parecen a los jóvenes que se hunden en la disipación y la negligencia”.

¡Mis hermanos y hermanas ancianos! Hay un Hadiz que dice: “La misericordia Divina se avergüenza por dejar sin respuesta las oraciones ofrecidas a la Corte Divina por los creyentes ancianos de sesenta o setenta años cuando ellos elevan sus manos a la Corte Divina”. Ya que la misericordia Divina los considera con tanto respeto, ¡ustedes también sean respetuosos hacia este respeto al realizar vuestra adoración!

DÉCIMO CUARTA ESPERANZA 

El resumen al comienzo del Rayo Cuatro, sobre la aleya luminosa حَسْبُنَا اللّٰهُ describe cómo habiendo sido aislado de todo por ‘los mundanales’, me aquejaron cinco tipos de alejamientos. Sufrí también en ese momento de ancianidad cinco enfermedades que surgieron en parte por mis pesares. Debido a la negligencia que resultó de la angustia, no consideré las luces de Risale-i Nur, que me hubieran consolado y ayudado, miré directo a mi corazón, y busqué mi espíritu. Vi que dominaba en mí un deseo abrumador de inmortalidad, un amor por la existencia, un gran anhelo por la vida, junto con una impotencia infinita y una pobreza ilimitada. Pero una transitoriedad increíble extinguía la inmortalidad. En ese estado, exclamé como un poeta afligido:

            Mientras mi corazón desea su inmortalidad, la realidad quiere que mi cuerpo pase;

            ¡Estoy afligido con una enfermedad incurable que ni Luqman podría curar!

Incliné mi cabeza con desesperación. Repentinamente la aleya:

حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُ vino a asistirme, dice “¡léeme con atención!”.  Entonces la recité quinientas veces por día. Cuanto más la recitaba, de sus muchas luces, se me revelaron nueve niveles de sus significados, no sólo al nivel de ‘certeza al grado de conocimiento’, sino que también al de ‘certeza al grado de testimonio’.

El Primer Nivel de la Aleya Luminosa حَسْبُنَا اللّٰهُ

            Debido a una sombra en mi ser esencial de una manifestación de uno de los Nombres del Único de Gloria y Perfección, Quien, teniendo perfección absoluta, es de Sí Mismo y por ninguna otra razón es merecedor de amor, tuve un deseo innato de inmortalidad, dirigido no a mi propia inmortalidad, sino a la existencia, perfección e inmortalidad de ese Absolutamente Perfecto. Sin embargo, debido a la negligencia, ese amor innato había perdido su camino, se volvió apegado a la sombra y se enamoró de la inmortalidad del espejo. Entonces la aleya:حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُ vino y elevó el velo. Vi, sentí y experimenté al grado de ‘certeza absoluta’ que el placer y la felicidad de mi inmortalidad yacían exactamente y en la forma más perfecta en la inmortalidad del Eterno de Perfección, al afirmar a mi Sustentador y Allah, al creer en Él y al someterme a Él. La evidencia de esto se explicó en el Rayo Cuatro, el tratado sobre la aleya حَسْبُنَااللّٰهُ, en doce secciones que son extremadamente profundas y sutiles y llenarán de asombro a quienes tengan sensibilidades delicadas.

El Segundo Nivel de la Aleya Luminosa حَسْبُنَااللّٰهُ

            Una vez, cuando me afligía la ancianidad, el alejamiento, la soledad y el aislamiento, además de mi impotencia innata e infinita, ‘los mundanales’ me estaban atacando con sus espías y estratagemas, y le dije a mi corazón: “Los ejércitos están atacando a un solo hombre enfermo y débil cuyas manos están atadas. ¿No hay nada que ese desafortunado (o sea, yo) pueda encontrar para apoyarlo?” Había recurrido a la aleya: حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُque me informó lo siguiente:

A través del documento de la relación con la fe, puedes confiar en un monarca tan absolutamente poderoso que junto con cada primavera equipando con perfecto orden a todos los ejércitos de las plantas y animales sobre la faz de la tierra, que comprende cuatrocientas mil naciones, ubica todas las raciones del vasto ejército del ser humano más importante y todos los animales en los ‘extractos’ misericordiosos conocidos como las semillas y los granos, que son cien grados más maravillosos que los ‘extractos de alimento’ como la carne, el azúcar y otros extractos que los ‘civilizados’ han descubierto recientemente. Él enrolla dentro de éstas las instrucciones para su preparación y crecimiento de acuerdo con el Decreto Divino, depositándolos en diminutas cáscaras para su protección. La creación de estos contenedores sucede con tanta velocidad, facilidad y abundancia de la fábrica de  كاف. نون, que el Corán dice que es llevado a cabo con una mera orden de كن. Así, puedes encontrar un punto de apoyo como este por la relación de fe, y confiar en un poder y una fuerza infinita. Al recibir esta lección de esta aleya, adquirí tanta fuerza espiritual  firmeza de fe que podría haber desafiado no sólo a mis enemigos actuales, sino a todo el mundo. Declaré con todo mi espíritu:

حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُ

El Tercer Nivel de la Aleya Luminosa حَسْبُنَا اللّٰهُ

Una vez, cuando descubrí que mi apego por el mundo estaba roto debido a las presiones de ese alejamiento, a esa enfermedad y esos males que sufrí, y la fe me estaba informando que estaba destinado a un mundo eterno, una tierra duradera, y una felicidad perpetua, renuncié a suspirar con pesar, que me provocaba más dolor y ansias,  y me animé; me puse feliz. Sin embargo, este objetivo de la imaginación, objetivo del espíritu, resultado de la creación sólo podrían alcanzarse por el poder infinito del Absolutamente Omnipotente Que conoce y registra la acción, el descanso, los actos y los estados de todos los seres y toma al ser humano insignificante y absolutamente impotente como su amigo y destinatario, dándole un rango sobre todos los seres; sólo se podría realizar por Sus favores infinitos para el ser humano y por la importancia que Él le adjudica. Mientras pensaba en estos dos puntos,  es decir, la actividad de semejante poder y la importancia del ser humano a pesar de su aparente insignificancia, quise una explicación que profundizaría la fe y satisfaría el corazón. Nuevamente recurrí a la aleya, y me dijo que note el  نَا de حَسْبُنَا y que preste atención a quien está diciendo حَسْبُنَا   junto contigo.

Entonces miré e inmediatamente vi que innumerables pájaros y moscas, que son aves de miniatura, e incontables animales e incontables plantas y árboles estaban, como yo, recitando a través de sus estados el significado de: حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُLes recuerdan a todos sobre la inmensidad y la majestuosidad de un Poder que ante nuestros ojos, en particular en la primavera, crea en gran abundancia, con gran facilidad, desde huevos, semillas, granos y gotitas de fluido, que se parecen entre sí y cuya materia es la misma, hasta las cien mil especies de aves, los cien mil tipos de animales, las cien mil variedades de plantas, y las cien mil clases de árboles, sin error, defecto o confusión, de manera adornada, equilibrada y bien ordenada, y con formas todas formas diferentes entre sí. Al estar hechas de esta manera, una dentro de la otra y parecidas entre sí, por eso mismo nos demuestran Su Unidad y Unicidad. Comprendí que no era posible ningún tipo de interferencia o participación en el acto de disposición soberano y creativo que muestre así incalculables milagros. Quienes quieren comprender mi personalidad y mi carácter humano, que es como el de todos los creyentes, y quienes quieren ser como yo, deberían ver la explicación de mi alma que esta adentro de la comunidad de (نَا) en حَسْبُنَا. ¿Cómo es mi aparentemente insignificante ser pobre comparado con el de todos los creyentes? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la humanidad? ¿Qué es el Islam? ¿Qué es la fe certera y verificada? ¿Qué es el conocimiento de Allah? ¿Cómo debería ser el amor? ¡Deberían entender y aprender una lección!

El Cuarto Nivel de la Aleya Luminosa حَسْبُنَا اللّٰهُ

Una vez, cuando eventos como la ancianidad, el alejamiento, la enfermedad y la derrota que sacudían mi ser, coincidieron con un período de negligencia. Provocándome una ansiedad dolorosa que mi propia existencia, a la que estaba intensamente apegada y por la que estaba cautivada, por cierto todos los seres estaban partiendo a la inexistencia, nuevamente recurrí a la aleya. Me dijo: “¡Estudia mi significado con cuidado y mira a través del telescopio de la fe!”

Entonces miré y con los ojos de la fe vi que, como todos los creyentes, mi ser diminuto era el espejo de una existencia infinita y que una expansión infinita es el medio de ganar innumerables existencias; es una palabra de sabiduría arrojando los frutos de numerosas existencias eternas superándose a sí misma en valor. Comprendí con ‘el conocimiento de la certeza’ que debido a su relación con esa existencia infinita, vivir un instante es tan valioso como existir eternamente. Porque entendí, por la comprensión de la fe, que mi ser es la obra de arte y la manifestación del Necesariamente Existente. Entonces salvándome de la oscuridad ilimitada de los miedos desolados y los dolores de las innumerables separaciones, formé relaciones y lazos de hermandad con tantos seres como actos Divinos y Nombres conectados con los seres y en especial los seres vivos, y supe que había una unión permanente con todos los seres queridos dentro de una separación temporaria. Y entonces, a través de la fe y de la relación con la fe, como todos los creyentes, mi ser obtuvo las luces de innumerables existencias intactas de separación. Incluso si partiera, se quedarían detrás y sería feliz como si se hubiera quedado.

En breve, la muerte no es separación, es unión; es un cambio de morada; es un brote para un fruto eterno.

El Quinto Nivel de la Aleya Luminosa حَسْبُنَا اللّٰهُ

            Otra vez, cuando mi vida se sacudía por severas condiciones, giró mi atención hacia la vida. Vi que mi vida estaba pasando rápidamente; se acercaba al Más Allá; debido a la opresión que sufría, mi vida se estaba comenzando a extinguir. Como se explica en la sección de Risale-i Nur sobre el Nombre Divino del Eterno, luego pensé apenado en cómo, por sus deberes, y virtudes importantes y beneficios valiosos, que la vida no merecía extinguirse tan rápidamente sino persistir por mucho tiempo. Otra vez más había recurrido a mi maestra, la aleya حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُ  Esta vez me dijo: “¡Considera la vida desde el punto de vista del Eterno y Auto-Subsistente, Quien te da vida!”

Entonces miré y vi que si los aspectos de mi vida, que miran hacia mí fueran uno, aquellos que miran hacia el Eterno y Auto-Subsistente serían cien. Y si, como resultado, uno mirara hacia mí, mil mirarían a mi Creador. Ya que este es el caso, vivir un instante dentro de los límites de la complacencia Divina es suficiente; no se necesita un largo tiempo. Esta verdad se puede explicar en cuatro asuntos. Quienes no están muertos o quienes quieren estar vivos buscan la naturaleza y la realidad de la vida y sus derechos verdaderos en esos cuatro asuntos; ¡los encontrarán y volverán a la vida!

Un resumen de ello es este: cuanto más la vida mira hacia el Eterno y Auto-Subsistente y cuanto más la fe se vuelve la vida y el espíritu de la vida, más se vuelve perpetua y produce frutos duraderos. También se vuelve tan elevado que recibe la manifestación de la eternidad; ya no mira hacia lo breve o lo largo de una vida.

El Sexto Nivel de la Aleya Luminosa  حَسْبُنَا اللّٰهُ

            Una vez, cuando mi entrada edad y mi ancianidad me estaban advirtiendo sobre mi propia partida entre los eventos del fin de los tiempos, que a su vez me advirtió sobre el fin del mundo y la partida de todos los seres, los sentimientos de mi amor innato por la belleza y la pasión por lo agradable y la fascinación por la perfección se desarrollaron de una manera extraordinariamente sensible. Vi con extraordinaria claridad y pena que la fugacidad y el declive, que son siempre destructivos, y la muerte y la inexistencia, que continuamente provocan separaciones, estaban destrozando este mundo hermoso y a estos seres de manera terrible arruinando su belleza. El  amor metafórico de mi naturaleza hirvió y se rebeló ante esta situación. Para encontrar consuelo, nuevamente había recurrido a la aleya حَسْبُنَا اللّٰهُ. Me dijo: “¡Recítame y estudia mi significado cuidadosamente!”

Entonces entré al observatorio de la aleya de la Sura al-Nur:

اَللّٰهُ نُورُ السَّمٰوَاتِ وَاْلاَرْضِ y miré a través del telescopio de la fe hacia los niveles más distantes de la aleya حَسْبُنَااللّٰهُ luego, a través del microscopio de la comprensión de la fe, hacia los misterios más sutiles y vi lo siguiente:

Los espejos, los fragmentos de vidrio, las cosas transparentes e incluso las burbujas muestran las variadas bellezas ocultas de la luz del sol y de los siete colores en su luz; y a través de su movimiento y renovación, diferentes capacidades y refracciones, renuevan esa belleza; y a través de sus reflexiones muestran las bellezas ocultas y el encanto del sol, su luz y los siete colores de su luz. De exactamente la misma manera, para actuar como espejos de la sagrada belleza del Bello de Gloria, el Sol Eterno, y del encanto eterno de Sus Más Bellos Nombres, y para renovar sus manifestaciones, estos bellos seres, estas obras de arte preciosas, estos seres exquisitos, llegan y parten sin detenerse. Explicado en detalle en Risale-i Nur están las pruebas poderosas que demuestran que las bellezas aparentes en ellas no son de su propiedad sino que son signos, indicaciones, destellos y manifestaciones de una belleza sagrada y trascendente que quiere manifestarse. La explicación comienza diciendo que tres de esas pruebas se han mencionado brevemente de manera muy razonable. Dejando sorprendidos a todos los que tienen una percepción delicada y que ven el tratado, además de beneficiarse de él ellos mismos, necesitan intentar permitir que otros se beneficien de él. En la segunda prueba en particular, se explicaron cinco puntos. Cualquiera cuya mente no esté podrida y cuyo corazón no esté corrompido, los apreciará, admirará y recomendará exclamando: “¡Masha Allah! ¡Fe Tebarak Allah!” Él percibirá y confirmará que es una maravilla que exaltará su ser aparentemente humilde y pobre.

DÉCIMO QUINTA ESPERANZA[10]

Una vez, cuando residía obligatoriamente en Emirdag por mi cuenta en lo que era virtualmente un confinamiento solitario, me cansé de la vida debido a los tormentos que infligían sobre mí con su vigilancia y trato arbitrario, que encontraba difícil de soportar, y me arrepentí de haber sido liberado de la prisión. Anhelé estar en la Prisión de Denizli con todo mi espíritu y quise entrar a la tumba. Pero mientras pensaba que la prisión y la tumba eran preferibles a la vida así y decidía entrar a una o a la otra, la gracia Divina vino en mi ayuda: le otorgó a los estudiantes de la Medresetü’z-Zehra, cuyas plumas eran como máquinas duplicadoras, una de las máquinas duplicadoras que recién habían aparecido. De una sola vez, aparecieron quinientas copias de cada una de las valiosas colecciones de Risale-i Nur de una sola pluma. Sus presagios de nuevas victorias me hicieron amar esa vida angustiante, haciéndome ofrecer eterno agradecimiento.

Un poco después, sin poder soportar las victorias de Risale-i Nur, sus enemigos encubiertos empujaron al gobierno a actuar en nuestra contra. Nuevamente la vida comenzó a volverse difícil para mí. Entonces de repente la gracia divina se manifestó: los oficiales relacionados al caso, que eran quienes más necesitaban de Risale-i Nur, estudiaron las copias confiscadas en el curso de sus deberes con mucha curiosidad y mucho cuidado, y sus tratados hicieron que sus corazones se amigaran con Risale-i Nur. Al comenzar a apreciarla en lugar de criticarla, el círculo de estudio de Risale-i Nur se expandió enormemente. Produjo ganancias cien veces más grandes que nuestras pérdidas materiales, reduciendo a la nada nuestra ansiedad y angustia.

Entonces, los embusteros hostiles y secretos dirigieron la atención del gobierno hacia mi persona. Recordaron mis actividades políticas del pasado. Hicieron que tanto las autoridades judiciales y educativas, como la policía y la Oficina de Asuntos Internos, sospecharan de mí. Debido a los diferentes partidos y a la instigación de los anarquistas comunistas ocultos, las sospechas se esparcieron más. Comenzaron a presionarnos y a arrestarnos y confiscaron partes de Risale-i Nur que llegaban a sus manos. Las actividades de los estudiantes de Risale-i Nur se paralizaron. Con la idea de desprestigiarme, varios oficiales hicieron falsas acusaciones que nadie en absoluto podría creer. Intentaron diseminar las calumnias más extraordinarias, pero no pudieron hacer que nadie las creyera.

Entonces me arrestaron durante los días de invierno de frío más intenso con los pretextos trillados y me pusieron en confinamiento solitario en la prisión en una guardia grande y extremadamente fría, dejándome dos días sin estufa. Habiéndome acostumbrado a la luz de mi estufa varias veces al día en mi pequeña habitación, siempre teniendo brasas en el brasero, con mi enfermedad y debilidad sólo fui capaz de soportarlo con dificultad. Mientras luchaba en esta situación sufriendo fiebre y frío, angustia y enojo terribles, a través de la gracia Divina, una verdad se reveló en mi corazón. Le pronunció la siguiente advertencia a mi espíritu:

“Usted llama ‘Medrese -i Yusufiya’, la escuela del Profeta José a la prisión. Y mientras estaba en Denizli, cosas como alivio mil veces más grandes que su angustia y ganancia espiritual y los otros prisioneros allí que se beneficiaban de Risale-i Nur, y sus conquistas a gran escala, todo le hizo ofrecer interminable agradecimiento en lugar de quejarse. Hicieron de cada hora de su encarcelamiento y dificultad como diez horas de adoración y convirtieron esas horas efímeras en eternas. Si Allah lo permite, aquellos que los golpee la calamidad en esta tercera ‘Escuela de José’, al beneficiarse de Risale-i Nur y encontrar consuelo, calentarán este frío, su angustia severa y la transformarán en felicidad. Si quienes con quien está enojado están siendo engañados y lo tratan mal sin darse cuenta de ello, no merecen que se enoje. Y si lo están atormentando y haciéndolo sufrir a sabiendas, por maldad o debido al extravío, en poco tiempo entrarán al confinamiento solitario de la tumba a través de la ejecución eterna de la muerte, para sufrir tormento y tortura eternamente. Por su opresión, usted está ganando mérito y placeres espirituales y está convirtiendo las horas efímeras en eternas y está realizando deberes académicos y religiosos con sinceridad”.

Con toda mi fuerza exclamé: “¡Todas las alabanzas sean para Allah!” Por la humanidad, sentí pena por los tiranos y recé: “¡Oh, mi Sustentador, refórmalos!” Como escribí en mi declaración al Ministro de Asuntos Internos, en este nuevo incidente quienes en realidad son culpables son los tiranos que en diez sentidos actúan ilegalmente en nombre de la ley. Buscaron los pretextos más extraordinarios de modo tal que lo mostraron a los justos con sus calumnias e inventos, que hubieran hecho reír a quienes los oyeran y llorar a los amantes de la verdad, que no pueden encontrar ningún camino para atacar a Risale-i Nur y a sus estudiantes con respecto a la ley y al derecho, entonces se desvía hacia la locura.

Por ejemplo, los oficiales que nos espiaron durante un mes no pudieron encontrar nada que nos incrimine, entonces escribieron un memorando que decía: “Los sirvientes de Said compraron raki de un negocio y se lo llevaron”. No pudieron encontrar a nadie que firme el memorando, pero finalmente arrestaron a un borracho extraño y lo hicieron firmar bajo amenaza. Incluso dijo: “¡Que Allah nos perdone! ¿Quién firmaría esta mentira extraordinaria?” Entonces se vieron obligados a romperla.

Un Segundo Ejemplo: Alguien que no conocía y aún no conozco, prestó su caballo para que yo pudiera salir. En el verano salía la mayoría de los días por un par de horas por mi enfermedad y para tomar aire. Había dado mi palabra de que le daría al dueño del caballo y del carruaje unos libros por el valor de cincuenta liras, como para no romper mi regla y no estar en deuda con él. ¿Hay alguna posibilidad de daño en algo así? Pero luego el Gobernador, los oficiales de la corte y la policía nos preguntó cincuenta veces a quién pertenecía el caballo. ¡Como si fuera algún evento político importante que afectara la seguridad! Para poner fin a este cuestionamiento sin sentido, una persona incluso dijo con benevolencia que el caballo era suyo y otro, que el carruaje era suyo, y ambos fueron arrestados junto conmigo. Vimos numerosas aventuras infantiles como estos dos ejemplos y nos reímos hasta llorar. Y comprendimos que quienes atacan a Risale-i Nur y a sus estudiantes hacen el ridículo.

Un incidente agradable entre esos ejemplos: la razón escrita en el papel que autorizaba mi arresto fue “por perturbar la seguridad pública”. Sin haber visto el documento, le dije al fiscal: “Le mentí anoche. Le dije a un oficial de policía que me preguntaba por el Jefe de Policía si no había servido a la seguridad pública de este país tanto como mil fiscales y mil jefes de policía”. Y tres veces dije: “¡que Allah me maldiga!”

Luego, en ese punto, justo cuando estaba en esas condiciones heladas, necesitaba tanto un descanso y no enfriarme ni pensar en el mundo, me sobrevino el enojo y la irritación por quienes me habían enviado a este exilio intolerable, aislamiento, encarcelamiento y opresión, de modo que explicó en detalle su odio y sus malas intenciones. La gracia Divina vino en mi ayuda y lo siguiente fue impartido a mi corazón en significado:

“El Decreto Divino, que es pura justicia, tiene una gran parte en la opresión equivocada que estas personas están infligiendo sobre ti. Y tú tienes comida para comer en esta prisión; ese sustento tuyo te llamó aquí. Deberías encontrarlo con satisfacción y resignación. Y la sabiduría y la misericordia divina tienen una gran parte, que es iluminar a aquellos que están en esta prisión y consolarlos y para que obtengan recompensa. Esta parte se debe agradecer miles veces con paciencia. Y tu alma maligna tiene una parte en ello, debido a sus faltas que no conocías. Frente a esta parte, deberías decirle a tu alma maligna que merecía este golpe, a través del arrepentimiento y de buscar el perdón. Y algunos de tus enemigos secretos tienen una parte en ello, con sus intrigas y por engañar a ciertos oficiales ingenuos y sospechosos e incitarlos a semejante opresión. Frente a esta parte, los terribles golpes inmateriales dados por Risale-i Nur sobre esos embusteros han recibido tu venganza por completo. Eso es suficiente para ellos. La parte final es los oficiales que fueron medios reales. Frente a esta parte, por beneficiarse de Risale-i Nur con respecto a la fe, queriéndolo o no, que lo miraron con intención de criticarlo, perdonarlos según la regla de:وَالْكَاظِمِينَ الْغَيْظَ وَالْعَافِينَ عَنِ النَّاسِ es un acto de magnanimidad”.

Debido a la felicidad completa y al sentimiento de agradecimiento que recibí de esta advertencia veraz, decidí cometer alguna ofensa menor y así incurrir en una sentencia de prisión para permanecer en esta nueva ‘Escuela de José’ y para ayudar incluso más a quienes se oponían a mí. Porque alguien como yo con setenta y cinco años, sin apego y de los setenta que amaba en este mundo sólo cinco quedaban vivos, la tumba era cien veces preferible a esta prisión. Porque setenta mil copias de los tratados de Risale-i Nur estaban en libre circulación y realizarían mis deberes en relación a Risale-i Nur y porque tenía hermanos y herederos que continuarían sirviendo a la fe con miles de lenguas en lugar de mi única lengua. Esta prisión también era cien veces más cómoda y más beneficiosa que la libertad de afuera sujeta a esa tiranía y opresión. Porque en lugar de tener que sufrir todo solo, fuera del trato arbitrario de cientos de oficiales, en prisión, junto con cientos de otros prisioneros uno sólo tiene que sufrir las arbitrariedades leves de una o dos personas como el gobernador de la prisión y el jefe de la guardia, que asegurarán beneficios. Y frente a esto, uno recibe la bondad fraterna y el consuelo de muchos compañeros de prisión. Pensando que la compasión del Islam y la naturaleza humana se muestran como bondad para los ancianos en esa posición, así convirtiendo la dificultad de la prisión en misericordia, me resigné a la prisión.

Cuando asistí a este tercer juicio, debido a mi dificultad por permanecer de pie por mi debilidad, ancianidad y enfermedad, me senté en una silla afuera de la puerta de la corte. El juez de repente apareció y enojado preguntó de manera insultante: “¿Por qué él no está esperando de pie?” Me enojé por esta crueldad frente a la ancianidad. Entonces miré y vi que una gran cantidad de musulmanes se había reunido a nuestro alrededor y estaban observando con absoluta bondad y de manera fraternal y no se dispersaban. De repente fui advertido de las siguientes dos verdades:

La Primera: Los enemigos ocultos de mí mismo y de Risale-i Nur habían engañado a algunos oficiales ingenuos con la intención de ponerle fin a las conquistas de Risale-i Nur al destruir la buena opinión pública sobre mí, que en todo caso no quería, y al destruir mi carácter desde el punto de vista de la gente; habían empujado a esos oficiales a actuar con desprecio hacia mí de esa manera. ¡Ve a estas cien personas en lugar de los insultos de un hombre! A cambio del servicio de Risale-i Nur por la fe – como un favor Divino – ellos están ofreciendo su empatía apreciando tu servicio y te dan la bienvenida y te despiden. Incluso, mientras estaba en la oficina examinadora del magistrado el segundo día del juicio respondiendo las preguntas del fiscal, cerca de mil personas se reunieron en el patio frente a las ventanas de la corte, mostrando su preocupación; parecía que estaban diciendo a través de sus estados que no nos presionaran. La policía no los pudo dispersar. Se le impartió a mi corazón que en esta época peligrosa estas personas querían un verdadero consuelo, una luz inagotable, una fe poderosa y una buena noticia certera sobre la felicidad eterna, y que buscaban esto por naturaleza. Debieron haber oído que lo que estaban buscando se encuentra en Risale-i Nur de modo que le mostraron a mi persona sin importancia más atención de la que merezco porque he realizado algunos pequeños servicios para la fe.

Segunda Verdad: Me recordaron que a cambio del maltrato que algunos individuos despectivos y engañados nos infligieron con la intención de insultarnos y destruir la consideración pública de nosotros, debido a sus sospechas infundadas de nuestra perturbación a la seguridad pública, estuvo el aplauso y el aprecio de innumerables personas de la realidad y de las generaciones venideras.

Sí, a través de la fuerza de la fe verificada y certera, en cada rincón de este país Risale-i Nur y sus estudiantes detienen la impresionante corrupción y los esfuerzos de la anarquía para destruir el orden público bajo el velo del comunismo. Trabajan para mantener el orden público y la seguridad de modo que estos veinte años tres o cuatro cortes relacionadas y la policía de diez provincias no han sido capaces de encontrar ni registrar ningún incidente que involucre la violación del orden público en relación a los estudiantes de Risale-i Nur, que son muy numerosos y se encuentran en cada rincón del país. Y la policía justa de tres provincias afirmó: “Los estudiantes de Risale-i Nur son policías espirituales. Nos ayudan a preservar el orden público. A través de la fe verificada y certera, dejan en la cabeza de todo aquél que lee Risale-i Nur algo que los refrena de cometer delitos. Ellos trabajan para mantener el orden público”.

Un ejemplo de esto fue la Prisión de Denizli. Cuando Risale-i Nur entró allí y Los Frutos de la Fe se escribió para los prisioneros, dentro de un espacio de tres o cuatro meses más de doscientos de esos prisiones se volvieron tan extraordinariamente obedientes y adquirieron tanta religiosidad y una conducta tan recta que un hombre que había asesinado a tres o cuatro personas se refrenaba de matar incluso a las chinches. Se convirtieron en miembros beneficiosos de la nación absolutamente compasivos e inofensivos. Los oficiales estuvieron perplejos por esa situación y lo miraron con aprecio. Algunos jóvenes incluso dijeron antes de recibir sus sentencias: “Si los estudiantes de La Luz permanecen en prisión, deberemos intentar hacer que nos encarcelen para que nos puedan enseñar y volvernos como ellos. Nos reformaremos a través de su instrucción”.

Entonces, quienes acusan a los estudiantes de Risale-i Nur, que son así, de perturbar la seguridad pública, son por cierto seriamente engañados o han sido engañados, conciente o inconscientemente están engañando al gobierno en nombre de la anarquía e intentan aplastarnos y reprimirnos. Les decimos esto:

“Ya que la muerte no ha de morir y la tumba no ha de cerrarse y los viajantes de esta casa de huéspedes del mundo, caravana tras caravana, entran a la tierra con gran velocidad y mucha preocupación y desaparecen; por cierto partiremos unos de otros muy pronto. Recibirán el castigo por vuestra tiranía de manera horrible. Como muy poco montarán la horca de la muerte y de la extinción eterna, que conforma los papeles de retiro de los creyentes oprimidos. Los placeres efímeros que han recibido en este mundo imaginándolos como eternos se transformarán en dolores profundos y duraderos”.

Lamentablemente, nuestros secretos enemigos embusteros a veces le adjudican el nombre de “sufismo” a la realidad del Islam, que se ha ganado y preservado por las espadas y la sangre de los cien millones de mártires con el rango evliyas y los heroicos veteranos de guerra de esta nación religiosa. Mientras que el camino del sufismo es sólo un rayo de ese sol, lo muestran como si fuera el sol y engañan a ciertos oficiales de gobierno que no son estrictos. Al llamar “sufíes” y “miembros de una sociedad política” a los estudiantes de Risale-i Nur – porque trabajan eficazmente por las verdades del Corán y de la fe – quieren incitarlos en nuestra contra. Les decimos a ellos y no a quienes los escuchan en nuestra contra, lo que dijimos en la justa corte de Denizli:

“¡Sacrificamos también nuestras cabezas por una verdad sagrada por la que cientos de millones de otros se han sacrificado! Incluso si prendieran fuego el mundo a nuestro alrededor, nosotros que nos sacrificamos por las verdades del Corán no bajaremos los brazos ante el ateísmo; no abandonaremos nuestro deber sagrado, ¡si Allah lo permite!”

Y entonces, por el consuelo sagrado de los dolores y la desesperación de las aventuras de mi ancianidad que surgen de la fe y del Corán, no cambiaría este año tan angustiante de mi ancianidad por diez de los años más felices de mi juventud. En especial ya que cada hora en prisión de quienes se arrepienten y realizan las oraciones obligatorias se convierten en diez horas de adoración y en cuanto al mérito, cada día pasajero pasado con enfermedad y opresión otorga diez días de vida eterna. Y así comprendí de estas advertencias qué tan merecedores de agradecimiento son estos días para alguien como yo que espera su turno en la puerta de la tumba. Exclamé: “¡Interminable agradecimiento sea para mi Sustentador!” y estuve feliz por mi ancianidad y complacido con mi encarcelamiento. Porque la vida no se detiene, pasa rápidamente. Si pasa con placer y felicidad, ya que el cese del placer es dolor, se vuelve transitoria, pasa sin agradecimiento y en negligencia; dejando pecados en su lugar, parte. Mientras que si la vida se pasa en prisión y dificultad, ya que el cese del dolor es un tipo de placer, y ya que se considera una especie de adoración, se vuelve perpetua en un sentido y a través de sus buenos frutos otorga vida eterna. Se vuelve expiación por los errores que fueron la causa de los pecados del pasado y del encarcelamiento y los purifica. Desde este punto de vista, aquellos entre los prisioneros quienes realizan las partes obligatorias de las oraciones obligatorias deberían ofrecer las gracias con paciencia.

DÉCIMO SEXTA ESPERANZA

Una vez, en mi ancianidad, fui liberado de la Prisión de Eskishehir después de servir una sentencia de un año. Me exiliaron a Kastamonu, donde permanecí por dos o tres meses como huésped de la estación de policía. Se puede entender cuánto tormento alguien como yo sufrió en un lugar como ese, que era un recluso, cansado de ver incluso a sus amigos leales y no podía soportar ni los cambios de vestimenta. Y entonces, mientras sufría esta desesperación, la gracia Divina de repente vino en ayuda de mi ancianidad. El inspector y la policía de la estación de policía se convirtieron en amigos firmes. Ni una sola vez me advirtieron por no usar el sombrero con visera y como mis sirvientes, solían llevarme a pasear por el pueblo.

Luego tomé mi residencia en Kastamonu, en la ‘Medrese de Risale-i Nur’, frente a la estación de policía y comencé a escribir otras partes de Risale-i Nur. Los estudiantes heroicos de Risale-i Nur como Feyzi, Emin, Hilmi, Sâdik, Nazif y Salâhaddin asistieron a la Medrese para duplicar los tratados y diseminarlos. Teníamos debates académicos incluso más brillantes que los que habíamos practicado en mi juventud con mis viejos alumnos.

Luego nuestros enemigos ocultos levantaron las sospechas de algunos oficiales y algunos maestros de religión egoístas y sheiks en contra de nosotros. Hicieron que nosotros y los estudiantes de Risale-i Nur de cinco o seis provincias nos reuniéramos en la ‘Escuela de José’ de la Prisión de Denizli. Los detalles de esta Décimo Sexta Esperanza se describen con claridad en las cartas breves que envié en secreto a mis hermanos mientras estaba en la Prisión de Denizli, en las enviadas desde Kastamonu y en la colección que contiene los discursos de defensa de la corte. Entonces, refiriendo los detalles a esas cartas y a mi discurso de defensa, aludiré a ello sólo muy brevemente aquí:

Escondí las colecciones confidenciales e importantes, en especial las que son sobre el Sufyan y los ‘keramets’ de Risale-i Nur, bajo el carbón y la leña para que se pudieran publicar después de mi muerte o después que las autoridades hubieran entrado en razones y escuchado la verdad. Entonces, cuando me sentía tranquilo por esto, algunos detectives y el asistente del fiscal de repente allanaron mi casa. Sacaron esos tratados secretos e importantes de debajo de la leña, luego me arrestaron y me enviaron a la Prisión de Esparta, a pesar de mi mal estado de salud. Mientras que estaba tan enojado y triste por el daño que había llegado a Risale-i Nur, la gracia Divina vino en nuestra ayuda.

Las autoridades comenzaron a leer con cuidado y curiosidad aquellos tratados importantes que habían estado escondidos, de los que tenían mucha necesidad, y las oficinas del gobierno se convirtieron en centros de estudio de Risale-i Nur. Habiendo comenzado a leer con la idea de criticar, comenzaron a apreciarlos. En Denizli incluso, a pesar de que no nos dimos cuenta de ello, numerosas personas leyeron la edición impresa del Signo Supremo, oficialmente y extraoficialmente, y fortalecieron su fe. Esto redujo a la nada la calamidad de la prisión que estábamos sufriendo.

Más tarde nos llevaron a la Prisión de Denizli y me pusieron en confinamiento solitario en una guardia hedionda, fría y húmeda. Cuando estaba tan triste por mi ancianidad y enfermedad y por las dificultades que acontecían sobre mis amigos por mí y muy angustiado por las confiscaciones de Risale-i Nur y el cese de sus actividades, la gracia Divina de repente vino en mi ayuda. Transformó esa enorme prisión en una ‘Medrese’ de Risale-i Nur, por cuanto era una ‘Escuela de José’. Risale-i Nur comenzó a esparcirse a través de las plumas de diamante de los héroes de la Medresetü’z-Zehra. El gran héroe de Risale-i Nur incluso, en esas condiciones severas, escribió más de veinte copias de Los Frutos de la Fe y la Colección de los Discursos de Defensa en un espacio de tres o cuatro meses. Las conquistas comenzaron dentro de la prisión y fuera de ella. Transformó nuestras pérdidas en esa calamidad en ganancias significativas y nuestra angustia en felicidad. Nuevamente mostró el significado de la aleya:

عَسَى اَنْ تَكْرَهُوا شَيْئًا وَهُوَ خَيْرٌ لَكُمْ Luego fuimos sujetos a críticas severas por las declaraciones incorrectas y superficiales del primer Comité de Expertos y, sumado a los ataques salvajes del Ministro de Educación, se publicó una declaración en nuestra contra. Y justo cuando según algunos informes incluso estaba intentando asegurar la ejecución de algunos de nosotros, la gracia Divina vino en nuestra ayuda. Principalmente, mientras esperaba un informe severamente crítico del Comité de Expertos de Ankara, enviaron uno elogioso. Y a pesar de que encontraron menos de diez errores en cinco cajas de copias de Risale-i Nur, demostramos en la corta que los puntos que ellos habían mostrado como errores, eran completamente correctos y que ellos mismos habían estado equivocados en los asuntos que dijeron que estaban mal; mostramos entre cinco y diez errores y equivocaciones en sus cinco páginas de informe. Y mientras esperábamos severas reprimendas frente a Los Frutos de la Fe y la Colección de las Defensas, que habíamos enviado a siete oficinas del gobierno, y la colección Risale-i Nur completa que habíamos enviado al Ministro de Justicia, y en especial a cambio de las bofetadas efectivas y punzantes dadas por los tratados confidenciales, respondieron con extremada indulgencia y como la carta enviada por el Primer Ministro que incluso nos consolaba, fueron muy indulgentes, y no nos atacaron. Esto demostró fehacientemente que como un keramet de la gracia Divina, las verdades de Risale-i Nur los habían derrotado, haciéndolos estudiar sus tratados como una guía. Convirtió aquellos círculos amplios en una especie de círculo de estudio y salvó la fe de numerosas personas indecisas y desconcertadas provocándonos felicidad espiritual y beneficios que exceden nuestra angustia cien grados más.

Luego nuestros enemigos ocultos me envenenaron; y el difunto Hafiz Ali, el héroe mártir de Risale-i Nur, fue al hospital por mí, viajó al Reino Intermedio en mi lugar y nos hizo llorar desesperadamente. Antes de que ocurriera esta calamidad, en muchas ocasiones había insistido en la montaña de Kastamonu: “¡Hermanos míos, no le den carne al caballo ni pasto al león!” Es decir: “No le den todos los tratados a todos, no sea que los usen para atacarlos”. A pesar de que Hafiz Ali (que Allah tenga misericordia de él) estaba a siete días a pie de distancia, como si él hubiera escuchado con su teléfono espiritual, en ese mismo momento me estaba escribiendo: “Sí, Maestro, es una maravilla de Risale-i Nur que a los caballos no se les da carne ni a los leones, pasto. Más bien, ya que a los caballos se les da heno y a los leones, carne, él le dio a ese maestro de religión como un león el tratado sobre Sinceridad”. Recibí esta carta siete días más tarde. La resolvimos y al mismo tiempo que yo estaba gritándolo en la montaña, él estaba escribiendo las palabras extrañas de su carta.

Así, justo a la hora que ese héroe de Risale-i Nur murió y nosotros estábamos siendo presionados por los embusteros secretos que intentaban castigarnos a través de sus intrigas en nuestra contra y estábamos preocupados porque yo sería enviado al hospital con órdenes oficiales porque estaba enfermo por el veneno, la gracia Divina vino en nuestra ayuda. A través de las oraciones sinceras de mis hermanos bendecidos, el peligro de vida por el veneno se pasó; y de acuerdo con signos poderosos, nuestro mártir estaba ocupado en su tumba con Risale-i Nur, y respondió con Risale-i Nur y respondió con Risale-i Nur las preguntas de los ángeles; y el héroe de Denizli, Hasan Feyzi (que Allah tenga misericordia de él), que trabajaría según el sistema de Hafiz Ali, y sus amigos estaban sirviendo en secreto a Risale-i Nur eficazmente; y porque los otros prisioneros se estaban reformando con Risale-i Nur, incluso nuestros enemigos apoyaban que fuéramos liberados de la prisión; y los estudiantes Risale-i Nur convirtieron ese lugar de pruebas duras en una cueva como los Compañeros de la Cueva y de los austeros de antaño; todo esto, junto con sus esfuerzos por escribir y diseminar Risale-i Nur con sus corazones desahogados, demostraron que la gracia Divina había venido en nuestra ayuda.

Y también se le ocurrió a mi corazón que debido a que los grandes intérpretes de la Ley como el Imám A’zam habían sufrido encarcelamiento; y un muyytahid supremo como el Imám ibn Hanbal había sido severamente torturado en prisión por un solo asunto del Corán y lo había soportado con paciencia perfecta, sin quedarse en silencio sobre el asunto en cuestión; y numerosos líderes religiosos y eruditos habían sido completamente pacientes e inquebrantables, ofreciendo las gracias, a pesar de sufrir tormentos mucho mayores que los vuestros, por cierto están obligados a ofrecer interminables gracias por las pocas dificultades que sufren, a pesar de la recompensa y la ganancia que reciben es grande por las muchas verdades del Corán. Sí, describiré brevemente una manifestación de la gracia Divina entre las angustias severas de mi ancianidad y una manifestación de la justicia Divina y entre la tiranía del ser humano:

Cuando tenía veinte años solía decir repetidamente: “Hacia el fin de mi vida me retiraré de la vida de la sociedad a una cueva o a una montaña como quienes abandonaron el mundo y se retiraron a cuevas en los viejos tiempos”. Y cuando, durante la Primera Guerra Mundial, me tenían como prisionero en el noreste, tomé esta decisión: “Pasaré mi vida después de esto en cuevas. Me retiraré de la vida política y social. Suficiente con mezclarme con ellos”. En ese punto la gracia Divina y la justicia del Decreto Divino se manifestaron. De un modo mucho mejor que mi decisión y deseo, con compasión por mi ancianidad, transformó las cuevas que había imaginado en prisiones, lugares de reclusión, soledad en lugares de adoración y confinamiento solitario. Me otorgó ‘Escuelas de José’ y lugares de confinamiento solitario donde nuestro tiempo no se perdería que fueron mucho superiores a las cuevas de los austeros y reclusos. Me dio los beneficios que pertenecen al Más Allá de la cueva y un agotador servicio de la fe y del Corán. Incluso me había propuesto declararme culpable de algún crimen y permanecer en prisión después que mis amigos hubieran sido liberados. Los solitarios como Husrev y Feyzi se hubieran quedado conmigo y con algún pretexto yo me hubiera quedado en la guardia de confinamiento solitario para no encontrarme con gente y perder mi tiempo en conversaciones innecesarias y artificialidad egoísta. Pero entonces, el Decreto Divino y nuestro destino nos envió a otro lugar de pruebas difíciles. Según el misterio de:

اَلْخَيْرُ فِى مَا اخْتَارَهُ اللّٰهُ ٭ عَسَى اَنْ تَكْرَهُوا شَيْئًا وَهُوَ خَيْرٌ لَكُمْ

con compasión por mi ancianidad y para hacernos trabajar más duro en el servicio de la fe, nos dieron deberes fuera de nuestra voluntad y poder en esta tercera ‘Escuela de José’.

Sí, hay tres instancias de sabiduría y beneficios importantes con respecto al servicio de Risale-i Nur en la gracia Divina que convierte – con compasión por la ancianidad – a las cuevas particulares de mi juventud poderosa, cuando no tenía enemigos ocultos, en el confinamiento solitario de la prisión:

Primera Instancia de Sabiduría y Beneficio: En este momento es posible que los estudiantes de Risale-i Nur se reúnan sin daño sólo en la ‘Escuela de José’. Afuera es costoso y provoca sospechas si se reúnen, se ven y charlan. Algunos de quienes venían a visitarme incluso gastaban cuarenta o cincuenta liras, y a cambio me veían por sólo veinte minutos o no me veían siquiera. Hubiera elegido con todo mi corazón la dificultad de la prisión para estar cerca de algunos de mis hermanos. Esto significa que para nosotros la prisión es una bendición y una instancia de misericordia.

Segunda Instancia de Sabiduría y Beneficio: El servicio de la fe en este momento a través de Risale-i Nur tiene que ser a través de publicitarlo en todas partes y atraer la atención de quienes lo necesitan. Así, se atrae la atención hacia Risale-i Nur a través de nuestro encarcelamiento; es como una publicidad. Los más testarudos o quienes lo necesitan más lo encuentran y salvan su fe; su obstinación se rompe y se salvan del peligro y el círculo de estudio de Risale-i Nur se expande.

Tercera Instancia de Sabiduría y Beneficio: Los estudiantes de Risale-i Nur que fueron enviados a prisión aprenden entre sí la conducta, las cualidades, la sinceridad y la abnegación y ya no buscan los beneficios mundanales en su servicio de Risale-i Nur. Sí, ya que en la ‘Escuela de José’ habían visto con sus propios ojos los diez o tal vez cien beneficios materiales e inmateriales obtenidos por cada dificultad, los buenos resultados y el sincero y extensivo servicio de la fe, tienen éxito en alcanzar la sinceridad pura y ya no se humillan por buscar beneficios menores y personales.

Un punto sutil pero triste y al mismo tiempo agradable en relación a estos lugares de pruebas difíciles que me concierne sólo a mí es este: observo la misma situación aquí que la que veía en la antiguas medreses en mi región natal en mi juventud. Porque tradicionalmente en las Provincias del Este, una parte de las necesidades de los estudiantes de la medrese se cubría de afuera. En algunas medreses, se cocinaban en la medrese. Y había otras maneras en las que se parecía a este lugar de pruebas difíciles. Mientras observo la prisión aquí, sintiendo un anhelo agradable, viajo con mi imaginación hacia aquellas viejas épocas de juventud y me olvido de las dificultades de la ancianidad.

 

***

 

[1] Es decir, a pesar de que con todas mis fuerzas mi corazón quería que mi cuerpo fuera inmortal, la sabiduría Divina requería que fuera demolido. Me aquejaba una enfermedad incurable para la cual ni siquiera Luqman el Sabio podría encontrarle solución.

[2] La facilidad de narrar un asunto definido y la dificultad de negarlo se puede ver en la siguiente comparación: si una persona dice: “Hay un jardín maravilloso sobre la tierra cuyos árboles tienen frutos que son latas de leche”, y otro dice: “No, no lo hay”, quien lo afirma sólo tiene que señalar su lugar o alguno de sus frutos para demostrarlo fácilmente. Mientras que quien lo niega sólo puede demostrar su negación y su reclamo al ver y mostrar toda la faz de la tierra. De exactamente la misma forma, sin contar los cientos de miles de signos, frutos y marcas del Paraíso que quienes dan noticias han señalado, el testimonio de dos testigos veraces de su existencia cierta es suficiente; mientras que quien lo niega sólo puede probar su negación después de observar al universo infinito y al tiempo interminable, y de verlo e investigarlo exhaustivamente; sólo entonces se puede demostrar su inexistencia. Y entonces, mis amigos ancianos, pueden comprender qué tan poderosa es la fe en el Más Allá.

[3] Mi estado espiritual en ese momento me provocó escribir una súplica en idioma persa. Fue impresa en Ankara, en el tratado intitulado Hubab.

[4] Esta verdad se ha demostrado con la misma claridad que dos más dos son cuatro en otras partes de Risale-i Nur y en particular en las Palabras Diez y Veintinueve.

[5] Es decir, “Si todas las cosas que ustedes invocan y adoran además de Allah se reunieran, no podrían crear ni siquiera una mosca”.

[6] Con su pluma, el hermano menor de Mustafa, Küçük Ali, escribió más de setecientas copias de partes de Risale-i Nur y él mismo se volvió un Abdurrahman. Él también entrenó a muchos otros Abdurrahmanes.

[7] Él verdaderamente mostró que no era sólo merecedor de ser aceptado sino también merecedor del futuro.

Un evento que confirmaría esa predicción del Maestro, que Mustafa, el primer alumno de Risale-i Nur, era merecedor del futuro:

El día anterior de las vísperas del Eid al-Adha, la Fiesta del Sacrificio, El Maestro estaba saliendo a tomar aire. Cuando me envió a agarrar el caballo, le dije: “No se baje. Cerraré con llave la puerta de atrás y saldré por la carpintería”. El Maestro dijo: “No. Sal por la puerta”. Y se bajó. Después de que me había ido, él cerró la puerta con el pasador detrás de mí. Salí y él regresó al piso de arriba. Luego él se durmió. Un rato más tarde, Mustafa de Kuleönü llegó junto con Hayyi Osman. El Maestro no aceptaba a nadie y no iba a aceptar a nadie. Especialmente a esa hora, no hubiera hecho pasar a dos personas a la vez sino que las hubiera rechazado. Sin embargo, cuando nuestro hermano Mustafa de Kuleönü, de quien estamos hablando aquí, vino con Hayyi Osman, fue como si la puerta le dijera a su manera: “El Maestro no los aceptará pero yo les abriré”. Y, a pesar de que tenía el pasador desde adentro, la puerta se abrió por sí misma según Mustafa. Es decir, tal como el futuro mostró que era cierto lo que El Maestro había dicho sobre él: “Mustafa es merecedor del futuro”, así también lo atestiguó la puerta.

Firmado: Husrev.

Sí, lo que Husrev ha escrito es correcto y lo confirmo. La puerta saludó a este bendecido Mustafa en mi lugar y lo aceptó.

               Said Nursi

[8] Es una sutil tawafuk que el incidente de la ‘medrese’ que describe esta Décimo Tercera Esperanza ocurriera hace trece años.

[9] Es decir; como terremoto, tormento, inundación, pestilencia, fuego.

[10] Esta Décimo Quinta Esperanza la escribió un estudiante de Risale-i Nur para completar en el futuro el tratado de Luz para los Ancianos y como una fuente para su composición, ya que el período de escritura de Risale-i Nur había llegado a su fin tres años antes.