PALABRA VEINTIUNO

La Segunda Estación de la Palabra Veintiuno

 [Ésta comprende cinco curas para las cinco heridas del corazón.]


رَبِّ اَعُوذُ بِكَ مِنْ هَمَزَاـتِـ الشَّيَاط۪ـينﭭ ﱳ وَاَعُوذُ بِكَ رَبِّ اَنْ يَحْضُرُونِ[1]

Bismillahir Rahmanir Rahim

“En el Nombre de Allah el Clemente y el Misericordioso”

¡Oh, quien le aqueja con la enfermedad de los escrúpulos! ¿Sabes a qué se parecen tus escrúpulos? ¡A una calamidad! Cuánto más importancia le das, más crecen. Si no les das importancia, se mueren. Si los ves como grandes, crecen más grandes. Si los ves como pequeños, se achican. Si les temes, se hinchan y te enferman. Si no les temes, son livianos y permanecen ocultos. Si no conoces su verdadera naturaleza, persisten y se establecen. Mientras que si los conoces y los reconoces, desaparecen. Y entonces, explicaré sólo cinco ‘Aspectos’ que, de los muchos tipos de estos escrúpulos calamitosos, son aquellos que ocurren más frecuentemente. Tal vez sea curativo para ti y para mí, porque estos escrúpulos son tales que la ignorancia los invita y el conocimiento los repele. Si no los reconoces, vienen; si los reconoces, se van.

PRIMER ASPECTO – PRIMERA HERIDA : Satanás primero arroja la duda en el corazón. Si el corazón no lo acepta, se convierte de duda en abuso. Describe ante la imaginación algunas memorias sucias y estados maleducados y horribles que se parecen al abuso, y hace que el corazón declare: “¡Ay!”, y caigan en desesperación. La persona que sufre de escrúpulos supone que ha actuado mal ante su Sustentador y siente una agitación y ansiedad terrible. Para salvarse de ello, huye de la presencia Divina y quiere hundirse en el descuido. La cura para esta herida es esta:

¡Oh, desdichado que sufres de escrúpulos! ¡No te alarmes! Porque lo que viene a tu mente no es abuso, sino algo imaginario. Y tal como imaginar la incredulidad no es incredulidad, imaginar el abuso tampoco es abuso. Porque según la lógica, una imaginación es no un castigo, y el abuso es un castigo. Además, aquellas palabras horribles no son las palabras de tu corazón, porque tu corazón se entristece y se apena con ellos. Más bien vienen de la facultad interna situada cerca del corazón que es un medio para los susurros de Satanás. El daño de los escrúpulos es imaginar el daño. Es decir, es sufrir daño en el corazón al imaginarlos como dañinos. Porque cree que algo imaginario sin aceptación es verdad. Además, es atribuirle al corazón las obras de Satanás; suponer que sus palabras surgen de él. Semejante persona piensa que es dañino, entonces se vuelve dañino. Eso es finalmente lo que Satanás quiere.

SEGUNDO ASPECTO : Es este: Cuando los significados surgen en el corazón, entran en la imaginación vaciada de forma; es allí que se visten con una forma. La imaginación, siempre afectada por algún motivo, teje imágenes de un tipo. Deja en el camino las imágenes de las cosas a las que les da importancia. Cualquier significado que pasa por ella, o bien lo viste, o lo lleva puesto, o lo contamina, o lo cubre con un velo. Si los significados son puros y claros, las imágenes, sucias y bajas, no hay vestimenta sino contacto. Quien tiene escrúpulos confunde el contacto con ser vestido. Exclama: “¡Ay! ¡Qué corrupto se ha vuelto mi corazón! ¡Esta bajeza me ha hecho despreciable!” Satanás se aprovecha de esta vena suya. La cura para esta herida es como sigue:

¡Escucha, oh, desafortunado! Tal como la limpieza externa, que es el medio de la conducta correcta de tus oraciones, no está afectada por la suciedad del interior de tus órganos internos, y no se arruinan por ella, tampoco daña a los significados sagrados al estar cerca de las formas sucias. Por ejemplo, estás reflexionando sobre algunos signos Divinos cuando de repente te sientes enfermo, o sientes apetito, o una necesidad, como de orinar. Por supuesto que tu imaginación verá lo que sea necesario para curar la enfermedad o para responder la necesidad, y la observará, tejerá formas humildes apropiadas a ellas, y los significados que surgen pasarán entre ellos. Pero no hay daño en su paso, ni suciedad, ni heridas. Si hay algún error, es el de prestarles atención e imaginar el daño.

TERCER ASPECTO : Es este: Hay ciertas conexiones ocultas entre las cosas. Existen incluso los hilos de las conexiones entre las cosas que menos esperas. O bien están allí de hecho, o tu imaginación las hizo según el arte con el que se preocupaba, y las ató juntas. Es debido a este misterio de las conexiones que a veces ver algo sagrado nos recuerda a algo sucio. Como está establecido en la ciencia de la retórica: “A pesar de que la oposición es la causa de distancia en el mundo exterior, es la causa de la proximidad de la imaginación”. Es decir, una conexión imaginaria es el medio de unir las imágenes de dos opuestos. El recuerdo que surge de esta conexión es lo que se llama ‘asociación de ideas’.

Por ejemplo, mientras se están realizando las oraciones o recitando las súplicas ante la Kaba en la Presencia Divina, esta asociación de ideas se apodera de ti y te aleja a la trivialidad más lejana y baja, a pesar de que estás reflexionando sobre las aleyas coránicas. Si tu cabeza está aquejada por la asociación de ideas de esta forma, ten cuidado, no te alarmes. Más bien regresa cuando entres en razón. No digas: “He cometido un gran mal”, y continúa jugando con el disparador, no sea que a través de tu atención, esa conexión tenaz se vuelva más fuerte. Porque cuanto más arrepentimiento sientas, más importancia de das y esa memoria vaga se arraiga. Se convierte en una enfermedad imaginaria. No tengas miedo, no es una enfermedad del corazón. Este tipo de recuerdos es mayormente involuntario. En particular es más común para gente sensible y nerviosa. Satanás trabaja mucho en la mina de este tipo de escrúpulos. La cura para esta herida es como sigue:

La asociación de ideas es mayormente involuntaria. Uno no responde por ello. En la asociación hay proximidad; no hay contacto ni entremezcla. En consecuencia, la naturaleza de las ideas no pasa de una a la otra y no se dañan entre sí. Tal como Satanás y el ángel de la inspiración, si está próximo uno del otro alrededor del corazón, y los pecadores y los piadosos al estar cerca unos de otros en la misma casa no causan daño, así también si al surgir la asociación de ideas, las imaginaciones sucias vienen y se mezclan con los pensamientos limpios, no causan daño. Pero si son intencionales, o se imaginan como dañinas, uno se preocupa demasiado por ellas y sí causan daño. Y a veces el corazón se cansa, y la mente se ocupa con cualquier cosa que encuentra para entretenerse. Entonces Satanás encuentra una oportunidad, y esparce su suciedad allí y lo incita.

CUARTO ASPECTO : Este es un escrúpulo que surge de buscar la mejor forma de un acto. Al suponer que es temor de Allah, cuanto más riguroso es, más severa es la condición para la persona. Incluso llega al punto en que mientras busca incluso mejores formas de los actos, se desvía a lo que es ilícito. A veces buscando una Sunnah deja de hacer lo que es obligatorio. Dice: “Me pregunto si mi acto fue válido”, y lo repite. Este estado continúa, y cae en una desesperación terrible. Satanás se aprovecha de este estado y lo hiere. Hay dos curas para este tipo de heridas.

La Primera Cura: Los escrúpulos como este son propios de los mutazilíes, porque dicen: “Los actos y las cosas por las que una persona es responsable son ya sea de ellos mismos en relación al Más Allá, buenos y por esa bondad están dominados, o bien son malos, y porque son malos están prohibidos. Eso significa que, desde el punto de vista de la realidad y del Más Allá, el bien y el mal de las cosas dependen de las cosas mismas, y las órdenes y prohibiciones Divinas le siguen”. Según esta escuela de pensamiento, el siguiente escrúpulo surge en cada acto que realiza una persona: “Me pregunto si mis actos fueron realizados en el modo correcto que es en esencia”. Mientras que la verdadera escuela, la Escuela Sunita, dice: “Allah Todopoderoso ordena algo, entonces es bueno. Él prohíbe algo, entonces es malo”. Es decir, el bien viene a la existencia a través de la orden, y el mal, a través de la prohibición. Miran a la conciencia de quien realiza el acto, y están establecidos acorde a ello. Y esto bueno o malo no está en el rostro evidente de este mundo, sino en el rostro que mira al Más Allá.

Por ejemplo, realizaste las oraciones o hiciste la ablución y hubo una causa que por sí misma las arruinó, pero tú no tuviste conciencia de ello. Tus oraciones y ablución, en consecuencia, son válidas y aceptables. Sin embargo, los mutazilíes dicen: “En realidad estuvo mal y fue inválido. Pero puede ser aceptado porque lo ignorabas y no lo sabías, entonces tienes una excusa”. En consecuencia, según la Escuela Sunita, no digas sobre un acto que se sigue las directrices de la Sharía: “Me pregunto si fue válido”; no tengas escrúpulos sobre esto. Di: “¿Fue aceptado?”; ¡no seas orgulloso y engreído!

La Segunda Cura: Es esta: لَا حَرَجَ  ﯺﰆ الدّ۪ينِ No hay dificultad en la religión.[2] Ya que las cuatro escuelas de jurisprudencia islámica son verdaderas; y ya que al realizar una falta que lleva a buscar el perdón es preferible – para la persona aquejada por los escrúpulos – a considerar los actos como buenos, que llevan al orgullo, es decir, es mejor si esa persona ve su acto como defectuoso y busque el perdón, a que lo considere bueno y caiga en el orgullo; ya que esto es así, tira tus escrúpulos y dile a Satanás: “Este estado es una dificultad. Es difícil estar conciente de la realidad de las cosas. Es contrario a la facilidad en la religión expresada en: لَا حَرَجَ  ﯺﰆ الدّ۪ينِ No hay dificultad en la religión. Es contrario al principio de: اَلدّ۪ينُ يُسْرٌ  La religión es facilidad. Por cierto que dicho acto se ajusta a una verdadera escuela de jurisprudencia islámica. Es suficiente para mí. Y al menos al admitir mi incapacidad de realizar la adoración de un modo merecedor a ella, es un medio para buscar refugio en la compasión Divina al buscar humildemente el perdón, y al suplicar dócilmente que mis actos defectuosos sean aceptados.

QUINTO ASPECTO : En los asuntos de la fe, lo que le ocurre a uno en forma de dudas son escrúpulos. La persona infeliz que sufre de escrúpulos a veces confunde las concepciones de su mente con imaginaciones. Es decir, imagina una duda que ha ocurrido en su imaginación como si fuera una duda que ha entrado en su mente y supone que su fe se ha dañado; o que una duda que imaginó ha dañado su fe. A veces cree que reflexionar sobre un asunto relacionado a la incredulidad es incredulidad. Es decir, supone que es contrario a la fe el ejercitar su habilidad de reflexionar para comprender las causas del desvío, y su habilidad de estudiar y razonar de modo imparcial. Entonces, temiendo a estas suposiciones, que resultan de los susurros de Satanás, exclama: “¡Ay! Mi corazón se ha corrompido y mi fe están arruinadas”. Ya que esos estados son mayormente involuntarios, no puede convertirlos en buenos con su facultad de voluntad, cae en la desesperación. La cura para esta herida es la siguiente:

Así como imaginar la incredulidad no es incredulidad, tampoco es incredulidad imaginar la incredulidad. Y así como fantasear sobre el desvío no es desvío, tampoco es desvío reflexionar sobre el desvío. Porque tanto imaginar como fantasear, y suponer y reflexionar; son diferentes de la confirmación con la razón y la sumisión del corazón, son otra cosa; están libres hasta cierto punto; no escuchan a la facultad de la voluntad; no están incluidos entre las obligaciones de la religión. Pero la afirmación y la sumisión no son así; dependen de un equilibrio. Y tal como imaginar, fantasear, suponer y reflexionar no son afirmación ni sumisión, tampoco se puede decir que sean duda o vacilación. Pero si se repite innecesariamente y se establecen, entonces un tipo de duda real puede nacer de ellos. También, al tomar constantemente el rol del lado opuesto llamándolo ‘razonamiento imparcial’ o ‘para ser justos’ llega a un punto en que la persona involuntariamente favorece al lado opuesto. Su parte en la verdad, que es inherente a él, se destruye. Él también cae en peligro. Un estado mental fijo en la cabeza por medio del cual se vuelve un oficioso representante de Satanás o del enemigo.

El más importante de este tipo de escrúpulos es este: la persona que sufre de él, confunde algo que es en verdad posible con algo que es posible razonablemente. Es decir, si ve algo que es posible en sí mismo, imagina que es razonablemente posible y razonablemente dudoso. Mientras que uno de los principios de la teología (conocida en árabe como kalâm) es que algo que es posible en sí mismo no se opone a cierto conocimiento y no contradice las demandas de la razón. Por ejemplo, el Mar Negro que se hunde en la tierra en este momento es posible en sí mismo, pero juzgamos con certeza que el mar está en su lugar, y lo sabemos sin dudarlo, y esa posibilidad que es en verdad posible no nos provoca ninguna duda y no daña nuestra certeza. Y, por ejemplo, es posible en sí mismo que el sol no se ponga hoy o que no salga mañana. Pero esta posibilidad no daña de ninguna manera nuestra certeza de que saldrá y no da lugar a ninguna duda. De igual modo, las sospechas infundadas que surgen de las posibilidades de este tipo sobre, por ejemplo, cuando se acabe la vida en este mundo y surja la vida del Más Allá, conceptos que están dentro de las verdades de la fe, no causan ningún daño a la certeza de la fe. Además, la conocida regla de: لَاعِبْرَةَ ِلْلاِحْتِمَاـلِـ الْغَـيْرِ النَّاشِئِ عَنْ دَل۪يلٍ Una posibilidad que no surge de ninguna prueba o evidencia no tiene ninguna importancia, es uno de los principios establecidos de tanto las ciencias de los principios de la religión como de los principios de la jurisprudencia islámica (conocida en árabe como fiqh).

Si dices: “¿Cuál es la sabiduría y el propósito de que seamos infligidos por los escrúpulos que son dañinos y una desgracia para los creyentes?”

La respuesta: Siempre y cuando no lleven al exceso o abrumen a una persona, en esencia los escrúpulos son la causa de vigilancia, llevan a buscar la mejor manera, y hacen surgir la seriedad. Prohíben la indiferencia y rechazan el descuido. Por consiguiente, en este reino de examen y arena de competición, el Absolutamente Sabio los pone en manos de Satanás como un azote de coraje para nosotros. Lo da sobre nuestras cabezas. Si duele excesivamente, uno debe quejarse al Omnisciente y Compasivo, y decir:

اَعُوذُ بِاللّٰهِ مِنَ الشَّيْطَانِ الرَّج۪يمﭭ busco refugio en Allah del Maldito Satanás.

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[1] Corán, 23:97-98

[2] Bukhari, i, 16; Ibn Hibban, Sahih, i, 280; Kanz al-Ummal, iii, 33, 36, 47; vi, 42, 47.

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